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Hace una década, en un acto de reverencia asombrosamente magnífico hacia el pasado —ejecutado mediante los «tres arrodillamientos y nueve postraciones» (三跪九叩) ante los antepasados (incluso aquellos que aún no habían fallecido del todo)—, el aparato del Partido Comunista Cubano adoptó su «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista» (analizada aquí en un informe de contexto del CPE). Es decir —para parafrasear libremente a Marx—, el espectro que hoy acecha a Cuba. Un espectro que, en 2026, no fue ni exorcizado ni confrontado; sino uno bajo cuyo influjo parecen haber quedado consumidos tanto el Estado como el Partido.
La *Conceptualización* destacó, ante todo, como un repliegue que paralizó de hecho los movimientos hacia la reforma o el desarrollo —dentro de un marco marxista-leninista— del modelo económico-político cubano, y que subrayó su alineamiento con el modelo operativo propuesto originalmente por el I Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1976. Calificar de «decepción» el sentir de aquellos que, aun permaneciendo comprometidos con el modelo marxista-leninista cubano, buscaban reformarlo para adaptarlo a las realidades imperantes en la etapa histórica de desarrollo que atravesaba Cuba en aquel momento, sería quedarse corto. Sin embargo, las élites —al menos oficialmente— retrocedieron ante la posibilidad de un cambio «novedoso» (y, en gran medida, de corte «oriental»); y, ciertamente, no quisieron saber nada de mercados ni de estructuras operativas marxista-leninistas al estilo asiático. Ese viraje hacia los mercados —incluso hacia mercados marxista-leninistas bien gestionados— fue considerado una vía directa hacia la corrupción del marxismo y, con ello, hacia la desarticulación del proyecto leninista tal como ellos lo concebían. Ya en 2012, Fidel Castro dejó claro en sus «Reflexiones» que el modelo que representaba la cúspide de un sistema marxista-leninista debidamente organizado era el elaborado por Erich Honecker (Alemania Oriental), y no el ideado por Deng Xiaoping (República Popular China). (Véase: *Fidel Castro sobre Deng Xiaoping y Erich Honecker: Comprender los fundamentos de la política económica y política cubana*; «Más que ninguna otra cosa, es probable que estas breves reflexiones constituyan lo más cerca que lleguemos a estar de comprender las razones por las que Cuba se halla en su actual y particular encrucijada. Una situación basada, tal vez, en la nostalgia por lo que pudo haber sido —Alemania Oriental—, y en el miedo y la aversión hacia lo que podría llegar a ser: un marxismo de mercados al estilo chino»).
Fidel Castro siempre había visto con considerable recelo la política de apertura marxista de Deng (véase, por ejemplo: *The UnRepentant: Fidel Castro Confronts Cuban Globalization*, en *Law at the End of the Day*, 15 de septiembre de 2007); una postura que estaba profundamente arraigada en los esquemas conceptuales del aparato del Estado y del Partido (nuevamente en 2019, y ahora en 2026), y, muy especialmente, en su insistente expresión ideológica de corte soviético: no solo soviética en sensibilidad y perspectiva, sino un «sovietismo» osificado e impermeable a las realidades del paso del tiempo (entre otras cosas). Esta suspicacia —y la arquitectura que la sustentaba— no fue compartida en igual medida por su hermano (véase, por ejemplo: *On the Anniversary of the Attack on the Moncada Barracks: Cuba Moves Forward towards its Chinese Future*, en *Law at the End of the Day*, 27 de julio de 2007). El resultado fue —al menos dentro de los sectores económicos sobre los que se otorgó autoridad a las fuerzas armadas— un sector de empresas estatales más o menos (según los estándares cubanos, al menos) dinámico y orientado al mercado, que se fue expandiendo bajo el liderazgo de los militares (a quienes se encomendó la gestión de una parte considerable de la economía formal cubana); y, por otro lado, un aparato de planificación centralizada dentro del sector estatal —de estilo soviético y obstinadamente ortodoxo— que veía a los mercados con gran desconfianza y se mostraba reacio a tolerarlos, salvo en los márgenes y, muy especialmente, durante los periodos de emergencia.
El año 2026 ha sido testigo del estallido de una catástrofe para la economía cubana, para su infraestructura y para todo aquello que pueda considerarse su economía formal. Se trata de una crisis autoinfligida; una crisis que hace que la actual versión del marxismo-leninismo estalinista cubano resulte particularmente vulnerable ante los acuerdos transaccionales derivados de la política de «Estados Unidos Primero» (*America First*) de la Administración Trump, tal como esta es aplicada por el Secretario de Estado Marco Rubio, una figura con un interés sustancialmente más refinado en los asuntos de Cuba. En tiempos de crisis como el actual, el Estado-Partido cubano tiende a actuar con celeridad, especialmente en lo que respecta a la concesión de reformas en torno al núcleo de sus estructuras operativas de corte soviético. Estas medidas han tendido a complacer a la intelectualidad y a los responsables políticos fuera de Cuba —particularmente en los Estados Unidos—, al tiempo que no suponen para el gobierno prácticamente ningún coste en términos de presión externa para implementar siquiera aquellos cambios que sus propios tecnoburócratas de filiación marxista-leninista llevan años reclamando. Este patrón, ya tan trillado, parece manifestarse nuevamente —hasta cierto punto—, dado que el Estado cubano ha dado indicios de sugerir una... una mayor tolerancia hacia las actividades basadas en el mercado, aunque —una vez más— solo en los márgenes y de maneras que no amenacen el núcleo de su sector estatal (o, dicho sea de paso, los negocios de las fuerzas armadas a través de GAESA).
Por otra parte, en la forma en que la (en retrospectiva trágica) visita de Estado del presidente Obama quedó vinculada al repliegue político que supuso la «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista», deliciosamente descrita en su momento por Ann Louise Bardach en "Reacción adversa en Cuba" para la revista Politico el 10 de junio de 2016 (y republicado por Arch Ritter en su blog: aquí), parece que, en sentido inverso, el estado actual de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba produce el mismo tipo de reacción: un afianzamiento ideológico con una sensación de reforma. Ante la política de «Estados Unidos Primero» de la administración Trump, aplicada con mayor rigor a la región del Caribe (comenzando quizás con el fin del liderazgo del Sr. Maduro en Venezuela) y sin centrarse en Cuba (aquí, aquí, aquí), el aparato del Estado cubano ha producido nuevamente lo que equivale a un clon actualizado de la «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista» de 2016, ahora con algunos detalles marginales que sugieren la necesidad de apaciguar a los artífices (externos) de la crisis actual (entendiendo, por supuesto, que el propio Estado cubano ha sido el responsable de sus propios desastres durante bastante tiempo). Este repliegue clonado y actualizado (incluida la selección de citas de Fidel Castro que ahora se alinean con las necesidades políticas actuales) se ha distribuido bajo el título de Programa Económico y Social del Gobierno (2026). Así pues… la apariencia de cambios marginales y una firme reafirmación de la permanencia de una posición ideológica de la década de 1970, esta vez sin los subsidios aparentemente interminables del imperio soviético.
El Programa Económico lo esbozado consiste en un plan de 10 puntos, que al estilo de tales cosas en las tecnoburocracias liberales democráticas y marxista-leninistas suenan como vagas exhortaciones a objetivos generalizados de algún tipo:
Objetivo General 1: Propiciar un entorno macroeconómico que favorezca la actividad productiva y el incremento de los ingresos externos.Esto funciona en tiempos de bonanza; carece de la claridad y la intensidad que a menudo se requieren en tiempos de crisis. Nada de esto es nuevo; gran parte es una ilusión; y todo carece de vías efectivas más allá de la esperanza y la miseria porque la esperanza en manos de los que viven solomente en el mundo de ideas jamas tienen tiempo para adivinar como se purede sustener la población sino con el alimento espiritual--salvo a punta de armas. Y de hecho, en su esencia, reside la determinación fundamental de retomar, con renovado vigor, el núcleo de las decisiones ideológicas, y sus consecuencias necesarias, que llevaron al Estado cubano a su situación actual; ese es el banquete dispuesto ante el pueblo cubano, ahora enmohecido tras haber estado expuesto a la intemperie desde la década de 1970, en un clima tropical cálido y húmedo; y ahora sin los servicios financieros Rusos, Chinos, o Venezolanos. . . . :
Objetivo General 2: Incrementar y diversificar los ingresos externos del país.
Objetivo General 3: Incrementar la producción nacional, con énfasis en los alimentos.
Objetivo General 4: Transformar, modernizar y desarrollar el sistema empresarial cubano fortaleciendo el papel de la empresa estatal socialista, con énfasis en la integración entre todos los actores económicos.
Objetivo General 5: Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión estratégica para el desarrollo territorial.
Objetivo General 6: Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión de Gobierno, la Defensa y Seguridad Nacional.
Objetivo General 7: Consolidar y desarrollar las políticas sociales, garantizando la protección a personas, familias, hogares y comunidades en situación de vulnerabilidad.
Objetivo General 8: Avanzar en la implementación de las directivas generales dirigidas a la prevención y reducción del delito, la corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas sociales.
Objetivo General 9: Avanzar en la recuperación del Sistema Electroenergético Nacional, impulsando la soberanía energética.
Objetivo General 10: Gestionar la ciencia e innovación, los recursos naturales, la comunicación social y la transformación digital para impulsar las esferas de desarrollo sostenible.
La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el Plan Nacional de Desarrollo al 2030, el Programa Económico y Social del Gobierno, el Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado para el 2026, constituyen los documentos rectores que rigen la dirección del desarrollo del país. La correcta comprensión de la naturaleza y funciones de cada documento y, sobre todo, de su interrelación, es crucial para evitar desviaciones en el logro de las metas previstas. Una comprensión adecuada de la naturaleza y las funciones de cada documento —y, sobre todo, de su interrelación— es crucial para evitar desviaciones en el logro de los objetivos proyectados. (Programa Económico y Social del Gobierno (2026), Introducción, sin emfasis en el original)
Bautizada en el concepto de reforma operativa, la sugerencia de que, tras una década o más, abordarán adecuadamente la operacionalización de los documentos clave de la reducción del gasto (y esta vez lo harán bien), es precisamente lo que suelen acoger quienes buscan cualquier tipo de movimiento (incluso en la dirección equivocada) que sugiera "cooperación" o "reforma" cubanas; palabras que pierden gran parte de su significado habitual en este contexto. Sugieren también que la falta de una comprensión adecuada de estos documentos es la causa (junto con el embargo estadounidense) del actual estado de catástrofe, o mejor dicho, del actual estado de miseria en el que se encuentra Cuba (sobre el estado de miseria cubano AQUÍ). Esa es la tragedia. Una verdadera lástima, pero encaja con los patrones de respuesta adoptados en esta primera parte del siglo XXI. Lamentablemente, lo que ya no se necesita es más de lo mismo. Incluso si las transformaciones revolucionarias que algunos anhelan fueran igualmente desastrosas.
Y sobre todo esto, el fantasma de Fidel Castro sigue acechando tanto al Estado como al Partido; no al Fidel revolucionario, sino al Fidel que se convirtió en la encarnación del giro estalinista dentro del marxismo-leninismo europeo. A diferencia de su ídolo Erich Honecker, Fidel no vivió para correr la misma suerte que aquel líder caído: la extradición al lugar donde gobernó y el juicio por sus crímenes se vieron truncados por una enfermedad terminal avanzada. Es imposible predecir qué sucederá con los demás que quedan.
Por lo tanto: cuando uno se encuentra al borde del abismo, considera saltar. En este caso, las autoridades cubanas parecen tentadas a hacerlo, aferrándose a un plan diseñado para mediados del siglo pasado y convencidas de que, al menos dentro del territorio cubano, el tiempo se ha detenido. Y esa bien podría ser la lección final para esta variante del leninismo caribeño, nacida de una revolución militar que pretendía detener el tiempo en el momento de su triunfo; solo para descubrir que el tiempo detenido tiene otro significado; y en ello, tal vez, con el tiempo, lleguen a la conclusión que Emily Dickinson sugirió sobre tales esfuerzos:
Un reloj se detuvo -
No el de la repisa -
La habilidad más avanzada de Ginebra
No puede hacer que la marioneta haga una reverencia -
Que hace un momento colgaba inmóvil -
¡Un asombro se apoderó de la baratija!
Las figuras se encorvaron, de dolor -
Luego temblaron de decimales -
En un mediodía sin grados -
No se moverá por los médicos -
Este péndulo de nieve -
El tendero lo importuna -
Mientras frío - indiferente No -
Asentimientos de las agujas doradas -
Asentimientos de los segundos delgados -
Décadas de arrogancia entre
La vida de la esfera -
Y él -
El reloj de Cuba, en efecto, bien podría haberse detenido en este sentido. Ese era el espectro, el cadáver animadao, de un marxismo soviético caribeño osificado, cuya principal perdición radicaba en su negativa a comprender lo que los leninistas chinos sabían desde hacía tiempo (y que resultaba incomprensible para los propios soviéticos): que el leninismo marxista es, por naturaleza, una teoría arraigada en el tiempo, basada en la premisa fundamental de un progreso a lo largo del tiempo por una senda socialista hacia el comunismo, y que el triunfo de una revolución no era el fin, sino el punto de partida.
La Introducción al Programa Económico y Social del Gobierno (2026) se presenta a continuación en su español original y en una breve traducción al inglés. La imagen que sigue, también parte del Programa Económico y Social del Gobierno (2026), se disfruta mejor con una pizca de ironía.
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Dellasie Aning






