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El marxismo-leninismo chino nunca se ha alejado demasiado de una de sus premisas organizadoras centrales y fundamentales: la modernización. Se trata de una modernización —el desarrollo de las fuerzas productivas de una nación— que concibe la producción de una manera integral. No solo abarca el desarrollo económico, sino también el social, cultural, religioso, político, etc. Todas las fuerzas productivas de una nación deben modernizarse con un propósito muy específico: guiar a la nación hacia un progreso positivo, eficiente y eficaz, a lo largo de una senda socialista que conduzca a la realización de una sociedad comunista; un objetivo que se alcanza mediante el perfeccionamiento de todas las fuerzas productivas como fines en sí mismas. Es en esta etapa del desarrollo cuando el Estado se extinguiría, la división entre capital y trabajo se volvería irrelevante y se podría alcanzar una estabilidad permanente.
Es precisamente en este punto donde el leninismo —como una forma muy específica de vanguardismo vinculada a las trayectorias del progresismo marxista— se convierte en un elemento crítico para la gestión y la orientación del progreso social a través de las etapas necesarias de la evolución colectiva hacia ese estado ideal comunista. Dentro del contexto ruso (y posteriormente en los círculos de gobernanza soviéticos y en sus variantes marxista-leninistas), el vanguardismo leninista evolucionó desde una fase de revolucionarios profesionales de vanguardia (tal como se plantea en la obra de Lenin *¿Qué hacer?*, de 1902) hacia la figura de gestores de los ámbitos social y político. ...transformación económica, cultural, etc., que, de la mano de esta vanguardia comunista —compuesta por las fuerzas sociales dirigentes—, podría guiar a la nación de manera eficiente y deliberada a través de las etapas de su evolución histórica, con el fin de alcanzar más eficazmente el término de la senda socialista, inicialmente dentro de las estructuras de una dictadura del proletariado.
«El Partido es la forma suprema de organización del proletariado. El Partido constituye la principal fuerza dirigente dentro de la clase proletaria y entre las organizaciones de dicha clase. Sin embargo, de esto no se desprende en absoluto que el Partido pueda ser considerado como un fin en sí mismo, como una fuerza autosuficiente. El Partido no es únicamente la forma suprema de asociación de clase de los proletarios; es, al mismo tiempo, un instrumento en manos del proletariado para instaurar la dictadura —cuando esta aún no se ha alcanzado— y para consolidar y ampliar dicha dictadura una vez que ya ha sido instaurada». (Josef Stalin, *Fundamentos del leninismo*, 1924, Parte VIII; español aquí).
Marx había sugerido algo semejante a un progreso orgánico e inevitable en este sentido; y es posible que considerara que Alemania y el Reino Unido —en su calidad de sociedades más avanzadas de la época— se hallaban más próximas a alcanzar dicho objetivo. Lenin, y posteriormente Mao Zedong, encarnan los arquetipos representativos de corrientes de pensamiento erigidas sobre la premisa de que incluso aquellas sociedades estancadas en etapas de desarrollo mucho más tempranas podían ser impulsadas científicamente hacia el progreso, logrando así comprimir sustancialmente el tiempo requerido para la consecución del ideal comunista y, por ende, minimizar el sufrimiento global que habría de soportarse a lo largo de un periodo de desarrollo más prolongado hasta alcanzar dicha meta. De este modo, la progresión histórica marxista opera como un texto de fondo ineludible en las democracias liberales, acaso potenciado —o, por el contrario, constreñido— por sus propias estructuras de vanguardia. Los marxistas-leninistas rechazaron esta concepción durante su fase soviética (tal como expone Josef Stalin en *
Fundamentos del leninismo*, 1924, al contextualizar el marxismo dentro de la etapa de desarrollo histórico que atravesaba Europa a mediados del siglo XIX; un enfoque discursivo que reaparece, bajo una formulación distinta, en el seno del marxismo-leninismo chino). En los Estados marxistas, el leninismo opera como motor y guía, actuando de manera consciente y activa sobre las inevitabilidades teóricas de las trayectorias predictivas marxistas (en ambos casos, el surgimiento de una sociedad comunista en la que el trabajo y el capital, en tanto objetos y sujetos tradicionales, se vuelven irrelevantes). (Para una versión de la estructuración de estos debates, véase Leszek Kolakowski, *
Main Currents of Marxism* [publicado originalmente por OUP en 1978]).
Para los soviéticos, al menos, «el leninismo es una escuela de teoría y práctica que forma un tipo especial de trabajador del Partido y del Estado, que crea un estilo leninista especial en el trabajo... Posee dos rasgos específicos: a) el ímpetu revolucionario ruso y b) la eficiencia estadounidense» (Josef Stalin, *
Fundamentos del leninismo*, parte IX). Pero fue más que eso; en cierto sentido, Stalin trasladó el núcleo de la definición del leninismo —desde las *
Bases del leninismo* de 1924— a *
Sobre los problemas del leninismo* (versión en inglés, 1954): «El leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular» (ibíd., p. 149); y el marco estructural de la dictadura del proletariado constituía «la forma política, tan largamente buscada y finalmente descubierta, dentro de cuyo marco debe consumarse la emancipación económica del proletariado, la victoria completa del socialismo» (*
Bases del leninismo*, parte IV). Esto combina los objetivos normativos de lo que comenzó siendo un punto de llegada: la dictadura del proletariado como premisa para una revolución proletaria global que crearía las condiciones en las que podría realizarse el comunismo (hasta entonces, tanto la dictadura como el socialismo tenían un propósito). También exigía una organización a través de la cual esto se hiciera realidad: los revolucionarios profesionales transformados en la encarnación del proletariado, cuya relación se basaría —eventualmente en China— en la «línea de masas» y en el principio de la «dictadura democrática».
En contraste, para el leninismo emergente de los siglos XIX y XX —en sus vertientes no soviéticas, postsoviéticas y no marxistas—, la revolución *es* la eficiencia estadounidense; una eficiencia que no requería ningún objetivo último más allá de la realización de sus formas más elevadas de expresión, guiada por una vanguardia construida para facilitar dichos fines. Esta vanguardia se asemejaba a aquellas en torno a las cuales podría materializarse la perfección de la condición humana según el marxismo, pero aquí, en cambio, se manifestaría bajo cualquier forma que aún estuviera por revelarse. Esto situaba también el desarrollo —o la modernización— en el centro del proyecto de la vanguardia; sin embargo, el criterio de creación de valor y de evaluación sería diferente. Y sus técnicas reflejarían esa diferencia fundacional: mercados frente a planificación; ámbitos de autonomía regulada frente a control, etc. Pero en el centro de todo ello se hallaban la modernización y la aspiración hacia aquello que —dentro de las «jaulas cognitivas» de cada uno de estos «mundos vitales»— fuera concebido como la perfección. Véase también mi análisis en: (1) *
La República Leninista-Brain Trust Estadounidense: Texto de la Orden Ejecutiva del Presidente Trump «Lanzamiento de la Misión Génesis» y el comunicado de prensa «El Presidente Trump lanza la Misión Génesis para acelerar la IA en el descubrimiento científico»*; y (2) *
Breves reflexiones sobre Rahm Emanuel*. Los recortes de Trump a la investigación favorecen a China.
Fundamental para todo esto era la modernización: el progreso o desarrollo social integral. Pero, por supuesto, existen muchas vías que pueden entenderse como caminos socialistas, cada una de las cuales produjo su propia ortodoxia (por ejemplo, Josef Stalin,
Problemas del leninismo, 1958); y algunas parecían requerir cierta crueldad, ya sea en la gestión de las fuerzas productivas (especialmente las humanas) o en la lucha contra lo que podría identificarse como fuerzas reaccionarias, enemigas y amenazantes, tanto extranjeras como internas (por el lado soviético, por ejemplo, Arthur Koestler,
Oscuridad al mediodía (1941); Aleksandr Solzhenitsyn,
El primer círculo (1954); por el lado chino, quizás entre otros, Mao Zedong,
Sobre la dictadura democrática popular, 1949). Necesitaba su propia narrativa (León Trotsky, La Revolución Rusa, 1932). Esto también generó cierto nivel de corrupción sistémica (por parte soviética, véase León Trotsky,
La revolución traicionada (1936); y Deng Xiaoping,
Sobre la oposición a las tendencias ideológicas erróneas, 1981). Asimismo, dio lugar a disputas violentas y despiadadas entre las facciones de la vanguardia leninista, que a menudo terminaban en derramamiento de sangre… mucha sangre (por parte soviética, véase, por ejemplo, León Trotsky,
Stalin: Una valoración del hombre y su influencia, 1941, págs. 407 y siguientes; pero
véase aquí una apología de la década de 1940). Todo esto afectó también a la modernización, desde su recepción en el contexto de la penetración occidental en los siglos XVIII y XIX, pasando por los esfuerzos de los leninistas chinos por emplear el saber hacer occidental, pero con un efecto marxista, marxista chino: desnaturalizar el saber hacer occidental e dotarlo de características socialistas propias.
En China, la idea de que la modernización no significa «occidentalización» es muy anterior al Partido Comunista Chino (PCCh). «Sustancia china, aplicación occidental» (中体西用) fue el lema de los intelectuales reformistas tras la derrota en las Guerras del Opio. Su esencia ha sido mantenida por el PCCh, cuyos líderes han enfatizado que China no buscará una «modernización al estilo occidental», sino una «modernización al estilo chino» (中国式现代化). Una modernización que modernice la industria, la agricultura, el ejército y la ciencia y la tecnología, pero que no incluya la liberalización política ni la democracia. Esta última, según el PCCh, ha provocado conflictos sociales en las sociedades occidentales, algo que China solo puede evitar mediante el liderazgo del PCCh y la modernización socialista (社会主义现代化). (Proyecto de Medios de Comunicación de China; Modernización).
Partiendo de la base de una vanguardia marxista-leninista unificada, de la estabilidad y el consenso en torno a la Vía Socialista, y de un debate puramente teórico, lo que sí cambia de una etapa del desarrollo histórico de China a otra, como dirían los patriotas leninistas chinos comprometidos, es el contenido y el enfoque de la modernización. Esta ha sido la base sobre la que se ha desarrollado, desde la Revolución Cultural, la teorización de la modernización y su relación con la Vía Socialista, así como la constitución del modelo político-económico bajo el liderazgo y la guía del Partido Comunista, de forma más o menos estable. Sin embargo, lo que se pierde en todo esto, especialmente en los detalles de la creación de un aparato mediante el cual se pudiera lograr el proceso integral de modernización para impulsar el progreso de los países atrasados, es la alineación esencial de la modernización como metanorma dentro de la cual el aspiracionalismo científico y determinista marxista, la posibilidad de acelerar el progreso marxista y el papel de una vanguardia leninista constituida y orientada hacia ese esfuerzo, en torno a la cual se manifiestan y configuran las instituciones del Estado y del Partido, y su núcleo normativo.
La modernización, por tanto, no es meramente el objeto y las formas de la Vía Socialista (hacia el establecimiento de una sociedad comunista, cuyo contexto cambia durante las etapas del desarrollo histórico y la naturaleza de la contradicción general de cada etapa); es tanto el objeto (manifestación) como la significación (el contexto en el que el significado se vuelve significativo) del contexto institucional inicial del contexto posrevolucionario de la dictadura del proletariado (ahora bajo los presunsiones del principio de dictadura democrática popular) y del partido de vanguardia como esencia/encarnación y líder/guía de este mandato basado en objetivos hacia su meta (inevitable según Marx). La modernización (como desarrollo) asume un papel crítico en los sistemas no marxistas y no marxista-leninistas supervisados o guiados por alguna forma de arquitectura vanguardista. pero los objetivos tal como se articulan son diferentes y los medios para su realización son mucho más fundamentalmente incompatibles con la modernización marxista-leninista, en teoría al este, aunque habrá puntos sustanciales de convergencia funcional en cuanto al efecto (para un análisis comparativo sobre marcos funcionales/históricos desde una perspectiva china, véase Guiguo Wang, The Right to Development: Contributions of the New Haven School of Jurisprudence and Chinese Traditional Culture, Yale J. Int'l L. (2024); para una posición internacionalista del Sur Global, véase aquí; la ONU una perspectiva aquí; y aquí. Y todo esto, por supuesto, entendiendo la modernización en su sentido postglobal: el desarrollo de las fuerzas productivas de una nación, un desarrollo que no solo atañe al ámbito económico, sino también al social, cultural, religioso, político, virtual y a cualquier otra forma de objeto o proceso que genere consecuencias para el colectivo que emprende dicha modernización.
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| foto crédito aquí (2024) |
Es con este trasfondo firmemente presente que se puede abordar la enseñanza actual del Partido Comunista sobre la modernización socialista, 从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值 [Comprendiendo el valor contemporáneo de la modernización china desde la profundidad de la historia mundial]. Apareció en “人民要论” [Ensayos clave del pueblo], una columna principal de la Edición Teórica del Diario del Pueblo, que se centra en cuestiones teóricas y prácticas importantes y contemporáneas, expresando la posición del Partido Comunista de una manera relevante para el estudio del pueblo. Su autor, Zhang Guanzi [张冠梓], es el actual Director del Instituto de Modernización China de la Academia China de Ciencias Sociales. Su esencia permanece fundamentalmente alineada con el lema del cartel de 1978 reproducido arriba: [Uníos, trabajad con ahínco por la prosperidad del país, para acelerar la lucha por la realización de las Cuatro Modernizaciones]. Es uno de varios esfuerzos de divulgación para educar a la población sobre la modernización al estilo chino en la Nueva Era (véase, por ejemplo, The
Four Advantages [四大优势] of Chinese Style Modernization in the New Era;
Reflections on 深刻理解“十五五”时期我国经济社会发展优势更加彰显 《红旗文稿》2025/23 张占斌 [A Deeper
Understanding of the Even More Prominent Advantages of China's Economic
and Social Development During the 15th Five-Year Plan Period," Red Flag
Journal, 2025/23 Zhang Zhanbin].
La totalidad del argumento se expone en el primer párrafo del ensayo:
实现现代化是世界发展的历史潮流,是各国人民的共同向往。习近平总书记指出:“实现现代化是世界各国不可剥夺的权利”“一个国家走向现代化,既要遵循现代化的一般规律,更要符合本国实际、具有本国特色”。当今世界百年未有之大变局加速演进,国际力量对比深刻调整。西方现代化模式的局限与弊端日益凸显,世界迫切呼唤新的现代化路径。作为一种全新的现代化模式,中国式现代化打破了“现代化=西方化”的迷思,为世界现代化提供了新方案。深刻认识世界现代化的历史进程和中国式现代化的世界意义,有助于我们从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值,更加自觉、更加自信地推进和拓展中国式现代化。 [Lograr la modernización es una tendencia histórica en el desarrollo global y una aspiración compartida por los pueblos del mundo. El secretario general Xi Jinping ha señalado: "Lograr la modernización es un derecho inalienable de todos los países del mundo". Además, señaló: "Cuando un país busca la modernización, debe seguir las leyes generales de la modernización y, lo que es más importante, adaptarse a sus propias realidades nacionales y poseer sus propias características distintivas". En el mundo actual, los "profundos cambios sin precedentes en un siglo" se están acelerando en su evolución, y el equilibrio de poder global está experimentando profundos ajustes. Las limitaciones y desventajas del modelo occidental de modernización se hacen cada vez más evidentes, y el mundo clama urgentemente por un nuevo camino hacia la modernización. Como un modelo de modernización completamente nuevo, la modernización china rompe el mito de que "modernización equivale a occidentalización", ofreciendo una nueva solución para la modernización global. Una comprensión profunda de la trayectoria histórica de la modernización global, así como de la importancia global de la modernización china, nos permite comprender el valor contemporáneo de la modernización china desde la perspectiva de la historia mundial, lo que nos permite avanzar y expandir la modernización china con mayor consciencia y confianza.] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值).
Reformulado dentro de las estructuras desarrolladas anteriormente, este argumento podría entenderse así: (1) la modernización es inevitable y está arraigada en la condición humana colectiva; (2) la modernización ha adquirido el carácter de un derecho, en el lenguaje de la modernidad y en el del conjunto de los Estados; (3) la modernización no es meramente un movimiento; existe una ciencia de la modernización, un sistema de reglas al que se requiere conformidad para lograr el progreso, medido según las premisas y los valores de la modernización así concebida. (4) Las «leyes generales» de la modernización pueden realizarse de manera diferente en función de las características del colectivo al que se aplican (múltiples caminos hacia el mismo destino); (5) la tendencia modernizadora se ha intensificado a medida que las formas de imperialismo (generalmente englobadas como «Occidente») (en la concepción marxista-leninista del progreso desde la época soviética, véase también Rosa Luxemburgo) continúan su declive y se hunden en sus propias contradicciones corruptoras; (6) la vía de modernización china se ajusta mejor a los tiempos, especialmente si apunta hacia la realización de una sociedad comunista, a la que aspira un colectivo; y (7) las trayectorias inevitables del avance de las etapas del desarrollo histórico (otra metaforma de modernización) revelan que la vía china es la mejor.
El resto son detalles sumamente interesantes.
El ensayo comienza con el principio del salto tecnológico, cuya realización se ve facilitada por una vanguardia leninista afín. El ensayo señala que, si bien gran parte del carácter contemporáneo de la modernización está impregnado del contexto normativo y cultural de los estados occidentales desarrollados y lo refleja, «es imperativo reconocer profundamente que numerosas civilizaciones de todo el mundo han realizado contribuciones significativas a la génesis y el avance del proceso de modernización global»[然而必须深刻认识到,全球各地众多文明对孕育和推动世界现代化进程都作出了重要贡献。] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值) . Este es un escenario importante para la premisa de que existen múltiples caminos hacia la modernización. Pero el argumento es más profundo. En primer lugar, sugiere que no existe un desarrollo sui generis de la modernización occidental. «La modernización occidental no fue una evolución endógena llevada a cabo de forma aislada en un vacío; más bien, estaba profundamente arraigada en una red global de intercambio civilizacional»西方的现代化不是在真空中孤立完成的内生演进,而是深深植根于全球文明的交流网络。(从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值) . En segundo lugar, sugiere que «el proceso de modernización global no fue una difusión unidireccional impulsada por una perspectiva “eurocéntrica”». [ El proceso de modernización global no fue una difusión “eurocéntrica” unidireccional. [世界现代化进程也不是单向的“欧洲中心论”式的扩散。](Ibíd.) Aquí, los marxistas-leninistas chinos modernizan y contextualizan a Marx de una manera que se asemeja a un esfuerzo similar realizado por los estalinistas-marxistas-leninistas en Europa, pero con un resultado diferente.
Marx y Engels no dudaron en elogiar efusivamente el auge de las fuerzas productivas bajo el capitalismo y su papel en la creación de un mercado global. Al mismo tiempo, debe reconocerse que, dentro de este proceso, el mundo no occidental —que abarca Asia, África y América Latina— no fue simplemente un receptor pasivo; más bien, en virtud de sus vastos mercados y abundantes recursos, estas regiones se convirtieron en eslabones integrales de la división global del trabajo, arrastradas e integradas irreversiblemente en la magnífica marea de la modernización global. [马克思、恩格斯毫不吝啬地盛赞资本主义生产力水平的提升及其推动世界市场形成的作用。同时要看到,在这一进程中,亚非拉等非西方世界并非单纯的被动接受者,而是以庞大的市场、丰富的资源成为全球分工体系的重要一环,不可逆转地被卷入并融入了波澜壮阔的世界现代化大潮之中。] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值).
Esta premisa sirve entonces de base para el argumento del salto cualitativo que el autor extrae de Marx: «Mediante profundas intuiciones sobre las leyes universales que rigen el desarrollo de la sociedad humana, Karl Marx observó que las sociedades orientales poseían la “posibilidad de apropiarse de todos los resultados positivos generados por el sistema capitalista sin pasar por las bifurcaciones del propio sistema capitalista”, acelerando así el proceso histórico. "马克思对人类社会发展普遍规律进行深刻洞察,指出东方社会“有可能不通过资本主义制度的卡夫丁峡谷,而占有资本主义制度所创造的一切积极的成果”,从而加速历史进程。" (Ibíd.) Esta noción vincula la modernización al valor esencial de una vanguardia marxista-leninista capaz de guiar este salto cualitativo y, en consecuencia, de acortar el tiempo e intensificar la modernización pertinente, sin el dolor que conlleva el tránsito tradicional a través de las etapas del desarrollo histórico.
La referencia a las
Horcas Caudinas es, probablemente, una de las frases semióticamente más densas del ensayo; una cuyo significado impregna la totalidad del texto, así como el contexto más amplio del compromiso con la modernización. Para algunos occidentales de formación tradicional —al menos—, las «Horcas Caudinas» (*Furculae Caudinae*) se entienden como una alusión a una derrota particularmente humillante sufrida por las fuerzas de la República romana a manos de los samnitas. Extraída del relato de Tito Livio, la expresión ha pasado a designar aquella derrota que obliga al vencido a aceptar condiciones vergonzosas e ineludibles; una derrota asociada al acto ritual de la rendición ante el enemigo victorioso. Significa, simultáneamente, el atrapamiento (la imposibilidad de escapar del valle) y la imposición de condiciones de rendición humillantes (en este caso, la obligación de marchar bajo el «yugo» de un enemigo superior). A primera vista, esto sugiere tanto la necesidad de evitar los desastres del siglo XIX —propios de la etapa final de la dinastía Qing— como la imperiosa necesidad de eludir la humillación nacional y la aceptación de condiciones impuestas por potencias extranjeras. Sin embargo, Tito Livio (en el Libro IX de su *Historia de Roma*) tenía también en mente una moraleja de mayor profundidad. Los samnitas pagaron un precio exorbitante por aquella humillación: terminaron siendo derrotados y, finalmente, incorporados a la República romana. Esa constituye la lección positiva para los vencidos: el valor intrínseco de aceptar una derrota que, a pesar de todo, preserva la propia capacidad de acción. Pero existía otra lección, dirigida esta vez a los propios samnitas: se les había aconsejado que optaran por una de estas dos vías: o bien permitir que el ejército romano prosiguiera su marcha sin ser hostigado, o bien masacrarlos a todos sin excepción. La primera opción les habría granjeado la amistad de la República romana; la segunda los habría debilitado lo suficiente como para que dejaran de representar una amenaza. Al no haber adoptado ninguna de las dos estrategias, los samnitas acabaron siendo aniquilados; un mensaje sutil, dirigido al mundo occidental.
De esto se pueden extraer las conclusiones y reflexiones necesarias. La modernización occidental es simplemente una vía hacia el desarrollo. Pero depende de la vía. "Desde una perspectiva institucional, la modernización occidental es la modernización bajo un sistema capitalista, cuya fuerza motriz principal es la acumulación y expansión interminables del capital" [从制度上看,西方现代化是资本主义制度下的现代化,核心驱动力是资本的无限增殖与扩张] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值). Si bien ha tenido un éxito rotundo, su adaptación plantea problemas para otras culturas/civilizaciones que no comparten las premisas de ordenamiento de ese contexto, y es especialmente irrelevante —y corruptora— para los sistemas marxistas-leninistas de modernización, o al menos para aquellos sistemas que siguen tan comprometidos con su marxismo como con las formas de leninismo que se adaptan para la realización de los objetivos marxistas. Zhang Guanzi desarrolla este punto en un resumen de la crítica marxista tradicional a la modernización capitalista, con importantes, aunque transformadas, reminiscencias de la antigua lucha de clases soviético-maoísta clásica. Sin embargo, estas reminiscencias deben ahora adaptarse a la actual contradicción general: «la tensión entre un desarrollo desequilibrado e insuficiente y las crecientes necesidades del pueblo por una vida mejor». Al respecto, cabe mencionar la *Introducción a la traducción al inglés de *Sobre la práctica y la contradicción* de Slavoj Žižek (Verso, 2007). La contradicción general propia de una etapa del desarrollo histórico, como se ha evidenciado durante el liderazgo del Secretario General Xi Jinping, tiene profundas repercusiones en el enfoque y la implementación de las estrategias de modernización dentro de un sistema marxista-leninista. (Véase, por ejemplo, *Glosa oficial del 3er Pleno: Xi Jinping: Explicación de la "Decisión del Comité Central del PCCh sobre la profundización integral de las reformas y la promoción de la modernización al estilo chino").
En la sección del ensayo que sigue, 中国式现代化实现了对西方现代化理论和实践的重大超越 ["La modernización china representa una trascendencia importante de la teoría y la práctica de la modernización occidental"], Zhang Guanzi pasa de la comparaciónen contexto a la trascendencia en un contexto posglobal: la etapa actual del desarrollo histórico de lo que se considera un orden mundial.
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Zhang Guanzi comienza recapitulando la idea fundamental del ensayo:
La historia ha demostrado ampliamente que no existe un modelo único y prefabricado que pueda aplicarse mecánicamente para lograr la modernización. Al emprender el camino hacia la modernización, una nación no solo debe adherirse a las leyes universales que rigen este proceso, sino, aún más importante, mantenerse firmemente arraigada en sus propias condiciones nacionales específicas y cultivar sus características únicas. [历史充分表明,实现现代化没有模板可以套用。一个国家走向现代化,既要遵循现代化的一般规律,更要立足本国国情、具有本国特色。] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值).
Luego, sugiere las razones por las que, en función del éxito de la modernización china, China ofrece una versión mejorada del modelo general de modernización, que puede adaptarse a las condiciones locales. Es aquí donde el ensayo, en consonancia con las iniciativas internacionales chinas contemporáneas, busca presentar a China como el modelo idóneo para el desarrollo del Sur Global:
La modernización al estilo chino encarna una cosmovisión única, un conjunto de valores, una perspectiva histórica, una visión civilizatoria, una filosofía democrática y una ética ecológica singulares. Tras haber alcanzado un éxito notable, se la considera un ejemplo paradigmático de una nación en desarrollo tardío que se esfuerza por ponerse al día y forja con éxito un nuevo camino hacia la modernización, uno que representa una trascendencia significativa de las teorías y prácticas occidentales de modernización. [中国式现代化蕴含独特世界观、价值观、历史观、文明观、民主观、生态观等,已经取得显著成就,被视为一个后发国家奋力追赶并成功开辟现代化新道路的典范,实现了对西方现代化理论和实践的重大超越] (Ibíd.)
Estos puntos de venta se dividen en tres. En términos generales, esta alineación implica varios aspectos clave. Primero, la modernización china prioriza a las personas sobre el capital
[以人民至上超越资本至上]. Segundo, establece una estructura para trascender el interés propio mediante la coexistencia armoniosa
[以和合共生超越损人利己]. Tercero, evita lo que debe entenderse como monopolios privados en favor de la apertura y la inclusión
[以开放包容超越系统垄断]. Este último punto se hace eco de los argumentos presentados a nivel del sistema estatal por Fidel Castro en el contexto de su crítica a la globalización (véase *
Ideologías de la globalización y la deuda soberana: Cuba y el FMI*, Penn State
Int'l LRev 2006).
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El ensayo concluye con una reflexión sobre la modernización de estilo chino, en la cual se hallan profundamente arraigados sus propios postulados e imperativos ideológicos, capaces de alterar las leyes fundamentales de la modernización y, por ende, de desplazar o desnaturalizar los elementos estructurales de la modernización global de corte occidental. El modelo subyacente aquí es la «gran revitalización de la nación china»: el objetivo de desplazar a la «Nueva Edad de Oro estadounidense».
«La nueva forma de civilización humana, pionera de la modernización china, no solo ha logrado asegurar la continuidad, la iteración y la innovación de su propia forma civilizatoria, sino que también ha explorado —a través de múltiples dimensiones— las leyes universales que rigen el resurgimiento de la civilización humana; particularmente en lo que respecta a las naciones en desarrollo y a los países de modernización tardía. Esta empresa reviste una trascendencia global amplia y profunda» [中国式现代化开创的人类文明新形态,不仅实现了自身文明形态的延续、迭代与创新,也在多个维度上探寻人类文明尤其是发展中国家和后发现代化国家文明复兴的普遍规律,具有广泛而深远的世界意义] (从世界历史纵深把握中国式现代化的时代价值).
Dicho desplazamiento no es meramente pragmático, sino también profundamente teórico; fundamentado en el modo en que ciertos teóricos chinos optan por delinear el binario cognitivo de oposición entre Estados Unidos y China: un tema sobre el cual queda, sin duda, mucho más por decir. Zhang Guanzi afirma, por ejemplo, que «la práctica exitosa de la modernización china ha anunciado la bancarrota de la visión lineal y teleológica de la historia: la noción de que todas las naciones del mundo están, en última instancia, destinadas a converger hacia el modelo institucional occidental» [中国式现代化的成功实践,宣告了那种认为世界各国终将归于西方制度模式的单线式历史观的破产] (Ibíd.). Y, sin embargo, esto no puede ser del todo cierto. No es tanto que la teleología lineal haya sido superada, sino que una teleología lineal no marxista debe superponerse —y servir como marco de convergencia— a las trayectorias no lineales, impulsadas por la historia, que conducen hacia un comunismo inevitable. Es el objetivo —y no el proceso— lo que parece importar —al menos en el plano teórico— y lo que sirve de base para postular un desplazamiento necesario. Pero, una vez más, todo sistema conlleva su propio bagaje; un punto que Zhang Guanzi también señala, aunque con fines distintos. Y así, uno termina donde tal vez comenzó: en el mercado de las teorías orientadoras; cada una imbuida de las premisas y perspectivas de las que surgió; cada una reivindicando para sí una versión superior del descubrimiento y la aplicación de los principios fundamentales —los cuales siguen siendo bastante amplios—; y cada una proponiendo una vía hacia un orden global creado a su propia imagen y semejanza.
Lo único que permanece constante es la modernización misma. Y es en este sentido que cabe comprender la idea central: que, al menos desde la época de la Ilustración, las «jaulas conceptuales» de los colectivos políticos se han comprendido a sí mismas —se han constituido— y no ven reflejado en su propia imagen nada que no sea desarrollo y modernización. Es ese concepto —por muy elaborado que sea— el que actúa como elemento central y crítico en torno al cual los colectivos sociales se organizan, se evalúan y compiten entre sí; aun cuando enmarquen sus contiendas en prácticamente cualquier lenguaje que no sea el de la modernización: entendida esta como objeto, como significación (¿con qué fines se moderniza?) y como comprensión de la actividad humana colectiva (¿cómo se organiza un colectivo en proceso de modernización?; ¿cómo opera, desde los principios hasta la praxis?).