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Hace una década, en un acto de reverencia asombrosamente magnífico hacia el pasado —ejecutado mediante los «tres arrodillamientos y nueve postraciones» (三跪九叩) ante los antepasados (incluso aquellos que aún no habían fallecido del todo)—, el aparato del Partido Comunista Cubano adoptó su «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista» (analizada aquí en un informe de contexto del CPE). Es decir —para parafrasear libremente a Marx—, el espectro que hoy acecha a Cuba. Un espectro que, en 2026, no fue ni exorcizado ni confrontado; sino uno bajo cuyo influjo parecen haber quedado consumidos tanto el Estado como el Partido.
La *Conceptualización* destacó, ante todo, como un repliegue que paralizó de hecho los movimientos hacia la reforma o el desarrollo —dentro de un marco marxista-leninista— del modelo económico-político cubano, y que subrayó su alineamiento con el modelo operativo propuesto originalmente por el I Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1976. Calificar de «decepción» el sentir de aquellos que, aun permaneciendo comprometidos con el modelo marxista-leninista cubano, buscaban reformarlo para adaptarlo a las realidades imperantes en la etapa histórica de desarrollo que atravesaba Cuba en aquel momento, sería quedarse corto. Sin embargo, las élites —al menos oficialmente— retrocedieron ante la posibilidad de un cambio «novedoso» (y, en gran medida, de corte «oriental»); y, ciertamente, no quisieron saber nada de mercados ni de estructuras operativas marxista-leninistas al estilo asiático. Ese viraje hacia los mercados —incluso hacia mercados marxista-leninistas bien gestionados— fue considerado una vía directa hacia la corrupción del marxismo y, con ello, hacia la desarticulación del proyecto leninista tal como ellos lo concebían. Ya en 2012, Fidel Castro dejó claro en sus «Reflexiones» que el modelo que representaba la cúspide de un sistema marxista-leninista debidamente organizado era el elaborado por Erich Honecker (Alemania Oriental), y no el ideado por Deng Xiaoping (República Popular China). (Véase: *Fidel Castro sobre Deng Xiaoping y Erich Honecker: Comprender los fundamentos de la política económica y política cubana*; «Más que ninguna otra cosa, es probable que estas breves reflexiones constituyan lo más cerca que lleguemos a estar de comprender las razones por las que Cuba se halla en su actual y particular encrucijada. Una situación basada, tal vez, en la nostalgia por lo que pudo haber sido —Alemania Oriental—, y en el miedo y la aversión hacia lo que podría llegar a ser: un marxismo de mercados al estilo chino»).
Fidel Castro siempre había visto con considerable recelo la política de apertura marxista de Deng (véase, por ejemplo: *The UnRepentant: Fidel Castro Confronts Cuban Globalization*, en *Law at the End of the Day*, 15 de septiembre de 2007); una postura que estaba profundamente arraigada en los esquemas conceptuales del aparato del Estado y del Partido (nuevamente en 2019, y ahora en 2026), y, muy especialmente, en su insistente expresión ideológica de corte soviético: no solo soviética en sensibilidad y perspectiva, sino un «sovietismo» osificado e impermeable a las realidades del paso del tiempo (entre otras cosas). Esta suspicacia —y la arquitectura que la sustentaba— no fue compartida en igual medida por su hermano (véase, por ejemplo: *On the Anniversary of the Attack on the Moncada Barracks: Cuba Moves Forward towards its Chinese Future*, en *Law at the End of the Day*, 27 de julio de 2007). El resultado fue —al menos dentro de los sectores económicos sobre los que se otorgó autoridad a las fuerzas armadas— un sector de empresas estatales más o menos (según los estándares cubanos, al menos) dinámico y orientado al mercado, que se fue expandiendo bajo el liderazgo de los militares (a quienes se encomendó la gestión de una parte considerable de la economía formal cubana); y, por otro lado, un aparato de planificación centralizada dentro del sector estatal —de estilo soviético y obstinadamente ortodoxo— que veía a los mercados con gran desconfianza y se mostraba reacio a tolerarlos, salvo en los márgenes y, muy especialmente, durante los periodos de emergencia.
El año 2026 ha sido testigo del estallido de una catástrofe para la economía cubana, para su infraestructura y para todo aquello que pueda considerarse su economía formal. Se trata de una crisis autoinfligida; una crisis que hace que la actual versión del marxismo-leninismo estalinista cubano resulte particularmente vulnerable ante los acuerdos transaccionales derivados de la política de «Estados Unidos Primero» (*America First*) de la Administración Trump, tal como esta es aplicada por el Secretario de Estado Marco Rubio, una figura con un interés sustancialmente más refinado en los asuntos de Cuba. En tiempos de crisis como el actual, el Estado-Partido cubano tiende a actuar con celeridad, especialmente en lo que respecta a la concesión de reformas en torno al núcleo de sus estructuras operativas de corte soviético. Estas medidas han tendido a complacer a la intelectualidad y a los responsables políticos fuera de Cuba —particularmente en los Estados Unidos—, al tiempo que no suponen para el gobierno prácticamente ningún coste en términos de presión externa para implementar siquiera aquellos cambios que sus propios tecnoburócratas de filiación marxista-leninista llevan años reclamando. Este patrón, ya tan trillado, parece manifestarse nuevamente —hasta cierto punto—, dado que el Estado cubano ha dado indicios de sugerir una... una mayor tolerancia hacia las actividades basadas en el mercado, aunque —una vez más— solo en los márgenes y de maneras que no amenacen el núcleo de su sector estatal (o, dicho sea de paso, los negocios de las fuerzas armadas a través de GAESA).
Por otra parte, en la forma en que la (en retrospectiva trágica) visita de Estado del presidente Obama quedó vinculada al repliegue político que supuso la «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista», deliciosamente descrita en su momento por Ann Louise Bardach en "Reacción adversa en Cuba" para la revista Politico el 10 de junio de 2016 (y republicado por Arch Ritter en su blog: aquí), parece que, en sentido inverso, el estado actual de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba produce el mismo tipo de reacción: un afianzamiento ideológico con una sensación de reforma. Ante la política de «Estados Unidos Primero» de la administración Trump, aplicada con mayor rigor a la región del Caribe (comenzando quizás con el fin del liderazgo del Sr. Maduro en Venezuela) y sin centrarse en Cuba (aquí, aquí, aquí), el aparato del Estado cubano ha producido nuevamente lo que equivale a un clon actualizado de la «Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista» de 2016, ahora con algunos detalles marginales que sugieren la necesidad de apaciguar a los artífices (externos) de la crisis actual (entendiendo, por supuesto, que el propio Estado cubano ha sido el responsable de sus propios desastres durante bastante tiempo). Este repliegue clonado y actualizado (incluida la selección de citas de Fidel Castro que ahora se alinean con las necesidades políticas actuales) se ha distribuido bajo el título de Programa Económico y Social del Gobierno (2026). Así pues… la apariencia de cambios marginales y una firme reafirmación de la permanencia de una posición ideológica de la década de 1970, esta vez sin los subsidios aparentemente interminables del imperio soviético.
El Programa Económico lo esbozado consiste en un plan de 10 puntos, que al estilo de tales cosas en las tecnoburocracias liberales democráticas y marxista-leninistas suenan como vagas exhortaciones a objetivos generalizados de algún tipo:
Objetivo General 1: Propiciar un entorno macroeconómico que favorezca la actividad productiva y el incremento de los ingresos externos.Esto funciona en tiempos de bonanza; carece de la claridad y la intensidad que a menudo se requieren en tiempos de crisis. Nada de esto es nuevo; gran parte es una ilusión; y todo carece de vías efectivas más allá de la esperanza y la miseria porque la esperanza en manos de los que viven solomente en el mundo de ideas jamas tienen tiempo para adivinar como se purede sustener la población sino con el alimento espiritual--salvo a punta de armas. Y de hecho, en su esencia, reside la determinación fundamental de retomar, con renovado vigor, el núcleo de las decisiones ideológicas, y sus consecuencias necesarias, que llevaron al Estado cubano a su situación actual; ese es el banquete dispuesto ante el pueblo cubano, ahora enmohecido tras haber estado expuesto a la intemperie desde la década de 1970, en un clima tropical cálido y húmedo; y ahora sin los servicios financieros Rusos, Chinos, o Venezolanos. . . . :
Objetivo General 2: Incrementar y diversificar los ingresos externos del país.
Objetivo General 3: Incrementar la producción nacional, con énfasis en los alimentos.
Objetivo General 4: Transformar, modernizar y desarrollar el sistema empresarial cubano fortaleciendo el papel de la empresa estatal socialista, con énfasis en la integración entre todos los actores económicos.
Objetivo General 5: Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión estratégica para el desarrollo territorial.
Objetivo General 6: Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión de Gobierno, la Defensa y Seguridad Nacional.
Objetivo General 7: Consolidar y desarrollar las políticas sociales, garantizando la protección a personas, familias, hogares y comunidades en situación de vulnerabilidad.
Objetivo General 8: Avanzar en la implementación de las directivas generales dirigidas a la prevención y reducción del delito, la corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas sociales.
Objetivo General 9: Avanzar en la recuperación del Sistema Electroenergético Nacional, impulsando la soberanía energética.
Objetivo General 10: Gestionar la ciencia e innovación, los recursos naturales, la comunicación social y la transformación digital para impulsar las esferas de desarrollo sostenible.
La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el Plan Nacional de Desarrollo al 2030, el Programa Económico y Social del Gobierno, el Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado para el 2026, constituyen los documentos rectores que rigen la dirección del desarrollo del país. La correcta comprensión de la naturaleza y funciones de cada documento y, sobre todo, de su interrelación, es crucial para evitar desviaciones en el logro de las metas previstas. La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030, el Programa Económico y Social del Gobierno, el Plan Económico Nacional y el Presupuesto del Estado para 2026 constituyen los documentos rectores que rigen el rumbo del desarrollo del país. Una comprensión adecuada de la naturaleza y las funciones de cada documento —y, sobre todo, de su interrelación— es crucial para evitar desviaciones en el logro de los objetivos proyectados. (Programa Económico y Social del Gobierno (2026), Introducción)
Bautizada en el concepto de reforma operativa, la sugerencia de que, tras una década o más, abordarán adecuadamente la operacionalización de los documentos clave de la reducción del gasto (y esta vez lo harán bien), es precisamente lo que suelen acoger quienes buscan cualquier tipo de movimiento (incluso en la dirección equivocada) que sugiera "cooperación" o "reforma" cubanas; palabras que pierden gran parte de su significado habitual en este contexto. Sugieren también que la falta de una comprensión adecuada de estos documentos es la causa (junto con el embargo estadounidense) del actual estado de catástrofe, o mejor dicho, del actual estado de miseria en el que se encuentra Cuba (sobre el estado de miseria cubano AQUÍ). Esa es la tragedia. Una verdadera lástima, pero encaja con los patrones de respuesta adoptados en esta primera parte del siglo XXI. Lamentablemente, lo que ya no se necesita es más de lo mismo. Incluso si las transformaciones revolucionarias que algunos anhelan fueran igualmente desastrosas.
Y sobre todo esto, el fantasma de Fidel Castro sigue acechando tanto al Estado como al Partido; no al Fidel revolucionario, sino al Fidel que se convirtió en la encarnación del giro estalinista dentro del marxismo-leninismo europeo. A diferencia de su ídolo Erich Honecker, Fidel no vivió para correr la misma suerte que aquel líder caído: la extradición al lugar donde gobernó y el juicio por sus crímenes se vieron truncados por una enfermedad terminal avanzada. Es imposible predecir qué sucederá con los demás que quedan.
Por lo tanto: cuando uno se encuentra al borde del abismo, considera saltar. En este caso, las autoridades cubanas parecen tentadas a hacerlo, aferrándose a un plan diseñado para mediados del siglo pasado y convencidas de que, al menos dentro del territorio cubano, el tiempo se ha detenido. Y esa bien podría ser la lección final para esta variante del leninismo caribeño, nacida de una revolución militar que pretendía detener el tiempo en el momento de su triunfo; solo para descubrir que el tiempo detenido tiene otro significado; y en ello, tal vez, con el tiempo, lleguen a la conclusión que Emily Dickinson sugirió sobre tales esfuerzos:
Un reloj se detuvo -
No el de la repisa -
La habilidad más avanzada de Ginebra
No puede hacer que la marioneta haga una reverencia -
Que hace un momento colgaba inmóvil -
¡Un asombro se apoderó de la baratija!
Las figuras se encorvaron, de dolor -
Luego temblaron de decimales -
En un mediodía sin grados -
No se moverá por los médicos -
Este péndulo de nieve -
El tendero lo importuna -
Mientras frío - indiferente No -
Asentimientos de las agujas doradas -
Asentimientos de los segundos delgados -
Décadas de arrogancia entre
La vida de la esfera -
Y él -
El reloj de Cuba, en efecto, bien podría haberse detenido en este sentido. Ese era el espectro, el cadáver animadao, de un marxismo soviético caribeño osificado, cuya principal perdición radicaba en su negativa a comprender lo que los leninistas chinos sabían desde hacía tiempo (y que resultaba incomprensible para los propios soviéticos): que el leninismo marxista es, por naturaleza, una teoría arraigada en el tiempo, basada en la premisa fundamental de un progreso a lo largo del tiempo por una senda socialista hacia el comunismo, y que el triunfo de una revolución no era el fin, sino el punto de partida.
La Introducción al Programa Económico y Social del Gobierno (2026) se presenta a continuación en su español original y en una breve traducción al inglés. La imagen que sigue, también parte del Programa Económico y Social del Gobierno (2026), se disfruta mejor con una pizca de ironía.
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Introducción
El
Programa Económico y Social del Gobierno 2026 define la planificación e
implementación para la gestión de crisis, el qué, el cómo y cuándo
hacer, para reimpulsar la economía. Es la brújula, la hoja de ruta, el
hilo conductor para alcanzar las necesarias transformaciones en el
complejo escenario en el que se desempeña la economía.
Está elaborado, sobre la base de los documentos programáticos aprobados en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba y responde a distorsiones críticas, desequilibrios macroeconómicos internos, así como a impactos externos severos que amenazan la estabilidad y el cumplimiento de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social al 2030. A escala territorial se encuentra conectado con las Estrategias de Desarrollo Provinciales y Municipales.
La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el Plan Nacional de Desarrollo al 2030, el Programa Económico y Social del Gobierno, el Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado para el 2026, constituyen los documentos rectores que rigen la dirección del desarrollo del país.
La fortaleza para el logro de los objetivos propuestos radica en la relación dialéctica, jerárquica y de complementariedad que existe entre estos documentos, como se detalla a continuación
La
correcta comprensión de la naturaleza y funciones de cada documento y,
sobre todo, de su interrelación, es crucial para evitar desviaciones en
el logro de las metas previstas.
El Programa Económico y Social
del Gobierno 2026 se ejecuta a partir de los recursos aprobados en el
Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado. Su
materialización exige tanto la elaboración de políticas, como la
actualización de lo aprobado, cuando corresponda, así como el diseño de
escenarios para la búsqueda de las alternativas viables en el contexto
actual.
El año 2026, ha comenzado con una marcada fractura en el
orden global, y Estados Unidos refuerza la pretensión de reimplantar la
Doctrina Monroe.
La agresión del gobierno de los Estados Unidos
no es nueva y ha escalado progresivamente en los últimos años y de modo
despiadado en las últimas semanas, al pretender bloquear absolutamente
el suministro de
combustibles a nuestro país.
En este contexto y
a partir de la modelación de diferentes escenarios, se aprobaron las
“Directivas de Gobierno para enfrentar un desabastecimiento agudo de
combustibles” con el objetivo de garantizar la vitalidad del país sin
renunciar al desarrollo y minimizar el impacto
de las afectaciones a
la población, potenciando el uso de los recursos endógenos, así como
diversificando las vías para generar mayores ingresos en divisas.
Se viven tiempos diferentes, y en este sentido es impostergable hacer cosas diferentes.
La
posposición del IX Congreso del Partido Comunista de Cuba, es un
llamado al combate, es una oportunidad para buscar soluciones propias a
nuestros problemas y mejorar las condiciones de vida de la población.
El Programa Económico y Social del Gobierno 2026 es resultado de:
1. El proceso de consulta, con el estudio y análisis a cada nivel, del Programa.
2. El estudio de otros documentos e intervenciones del Presidente de la República y el Primer Ministro.
3.
El análisis de los documentos elaborados por la Comisión Económica y
Social, sobre el informe del cumplimiento de los Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la evaluación
del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social al 2030 (PNDES), así
como la integración de este a los Lineamientos, que se presentarán en el
próximo Congreso del Partido Comunista de Cuba.
4. El trabajo
realizado por los diez grupos constituidos y dirigidos por los jefes de
objetivos generales con representantes de la Comisión Económica del
Comité Central del Partido Comunista de Cuba, organismos de la
Administración Central del Estado, entidades, la Asociación Nacional de
Economistas y Contadores de Cuba, expertos y los enlaces de la
Secretaría del Consejo de Ministros.
5. Las recomendaciones
realizadas por los miembros del Consejo de Estado, Órganos del Estado,
Consejo de Ministros, Gobernadores, Grupo Económico del Gobierno, así
como de un grupo de expertos y académicos.
En su elaboración se
ratifica el enfoque de dirección por objetivos, con el propósito de
alinear los esfuerzos de cada Organismo de la Administración Central del
Estado, Entidad Nacional, Organización Superior de Dirección
Empresarial,
Gobernadores y Consejos de Administración Municipal hacia metas
concretas y medibles. Permite, además, que a cada nivel se determine el
plan de acción para aportar al cumplimiento del Programa.
En este
sentido, el Programa Económico y Social del Gobierno 2026 en esencia
incluye el universo de objetivos y acciones que se implementan por cada
entidad o actor económico e incorpora las propuestas emanadas del
proceso de estudio y análisis del Programa.
Con relación al
Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía
correspondiente al año 2025, se actualizó el nombre del Programa, el
alcance de objetivos generales, se modificaron objetivos específicos, se
precisaron los indicadores y actualizaron las metas a lo previsto para
el presente año.
En tal sentido, el Programa Económico y Social
del Gobierno 2026 quedó estructurado en 10 Objetivos Generales, 111
objetivos específicos, 505 acciones y 309 indicadores y metas, como se
detalla a
continuación:
Objetivos Generales:
1. Propiciar un entorno macroeconómico que favorezca la actividad productiva y el incremento de los ingresos externos.
2. Incrementar y diversificar los ingresos externos del país.
3. Incrementar la producción nacional, con énfasis en los alimentos.
4.
Transformar, modernizar y desarrollar el sistema empresarial cubano
fortaleciendo el papel de la empresa estatal socialista, con énfasis en
la integración entre todos los actores económicos.
5. Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión estratégica para el desarrollo territorial.
6. Avanzar en el perfeccionamiento de la gestión de Gobierno, la Defensa y la Seguridad Nacional.
7.
Consolidar y desarrollar las políticas sociales, arantizando la
protección de las personas, familias, hogares y comunidades en situación
de vulnerabilidad.
8. Avanzar en la implementación de las directivas
generales dirigidas a la prevención y reducción del delito, la
corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas sociales.
9. Avanzar en la recuperación del Sistema electroenergético Nacional, impulsando la soberanía energética.
10.
Gestionar la ciencia e innovación, los recursos naturales, la
comunicación social y la transformación digital para impulsar las
esferas de desarrollo sostenible.
Estructura del Programa:
Alcanzar los resultados esperados depende del trabajo de todos, a partir de la implementación efectiva de las alternativas viables para salir adelante.
El Plan de la Economía y el Presupuesto del Estado para el año 2026, fueron aprobados bajo el principio de ser valores mínimos, por lo que todos debemos identificar nuestras reservas.
Un proceso importante en este año, fue la realización de los Plenos Provinciales del CC PCC y las reuniones extraordinarias, en el mes de enero, de los Consejos Provinciales y del Consejo de la Administración en el Municipio Especial Isla de la Juventud, en las que se evaluaron las posibilidades locales de superar el plan, con énfasis en la producción de alimentos, las que fueron incorporadas a las metas del Programa Económico y Social del Gobierno.
En el complejo momento actual se ratifica la voluntad de resistir y vencer, teniendo como principal inspiración el ejemplo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el año del Centenario de su natalicio, con la convicción de que como él expresara el 26 de julio de 1993, “...los únicos
milagros son los que salen de la dignidad del hombre, de la inteligencia del hombre, del honor del hombre, del trabajo del hombre”.
Nos guía a su vez, la indicación del General de Ejército Raúl Castro Ruz en la clausura del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba cuando refirió: “...tengamos presente el principio esencial de que
para distribuir riqueza, primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad”.
El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República Miguel Díaz- Canel Bermúdez expresó: “...seguimos un principio: unidad, continuidad y resistencia creativa. Unidad en torno al Partido, a la Revolución y al ideario marxista, martiano, fidelista. Continuidad al legado histórico y de la obra que construimos. Resistencia creativa para, en medio de las carencias, crear, innovar y salir adelante”.
El Programa Económico y Social del Gobierno 2026, es un instrumento rector y su materialización exige maximizar el uso de los recursos endógenos, con la participación activa de todo el pueblo.
* * *
.
Introduction
The
Government’s 2026 Economic and Social Program defines the planning and
implementation framework for crisis management—specifically *what* to
do, *how* to do it, and *when*—in order to revitalize the economy. It
serves as the compass, the roadmap, and the guiding thread for achieving
the necessary transformations within the complex landscape in which the
economy currently operates.
It has been formulated based on the
programmatic documents approved at the 7th Congress of the Communist
Party of Cuba, and it addresses critical distortions, internal
macroeconomic imbalances, as well as severe external impacts that
threaten the stability of—and the fulfillment of objectives set forth
in—the National Economic and Social Development Plan through 2030. At
the territorial level, it is integrated with the Provincial and
Municipal Development Strategies.
The Conceptualization of the
Cuban Economic and Social Model, the Guidelines for the Economic and
Social Policy of the Party and the Revolution, the National Development
Plan through 2030, the Government’s Economic and Social Program, the
National Economic Plan, and the State Budget for 2026 constitute the
guiding documents that govern the direction of the country's
development.
The strength underpinning the achievement of the
proposed objectives lies in the dialectical, hierarchical, and
complementary relationship that exists among these documents, as
detailed below
A
proper understanding of the nature and functions of each document—and,
above all, of their interrelationship—is crucial to avoid deviations in
the achievement of projected goals.
The Government’s 2026
Economic and Social Program is implemented based on the resources
approved within the National Economic Plan and the State Budget. Its
realization requires both the formulation of policies and—where
appropriate—the updating of approved measures, as well as the design of
scenarios to identify viable alternatives within the current context.
The
year 2026 has begun amidst a marked fracture in the global order, with
the United States intensifying its efforts to reimpose the Monroe
Doctrine.
The aggression by the United States government is
nothing new; it has escalated progressively over recent years—and
ruthlessly in recent weeks—through its attempts to completely block the
supply of fuel to our country.
In this context—and based on the
modeling of various scenarios—the “Government Directives for Addressing
an Acute Fuel Shortage” were approved. Their objective is to safeguard
the country’s vitality without sacrificing its development, while
minimizing the impact of disruptions on the population by leveraging
endogenous resources and diversifying avenues for generating increased
foreign currency revenue.
We are living in different times; consequently, it is imperative—and can no longer be postponed—that we act differently.
The
postponement of the 9th Congress of the Communist Party of Cuba serves
as a call to action—an opportunity to devise our own solutions to our
problems and to improve the living conditions of the population.
The Government’s 2026 Economic and Social Program is the result of the following:
1. The consultation process, involving the study and analysis of the Program at every level.
2. The study of other documents and public addresses delivered by the President of the Republic and the Prime Minister.
3.
The analysis of documents prepared by the Economic and Social
Commission regarding the report on the implementation of the *Guidelines
for the Economic and Social Policy of the Party and the Revolution*;
the evaluation of the *National Economic and Social Development Plan
through 2030* (PNDES); and the integration of said Plan into the
aforementioned Guidelines, which are to be presented at the upcoming
Congress of the Communist Party of Cuba.
4. The work undertaken
by ten working groups, established and led by the designated heads of
general objectives, comprising representatives from the Economic
Commission of the Central Committee of the Communist Party of Cuba,
agencies of the Central State Administration, various entities, the
National Association of Economists and Accountants of Cuba, independent
experts, and liaisons from the Secretariat of the Council of Ministers.
5.
Recommendations submitted by members of the Council of State, various
State bodies, the Council of Ministers, Provincial Governors, the
Government’s Economic Group, as well as a panel of independent experts
and academics.
Its formulation reaffirms the approach of
management by objectives, with the aim of aligning the efforts of every
Central State Administration Body, National Entity, Higher Business
Management Organization, Governor, and Municipal Administration Council
toward concrete and measurable goals. Furthermore, it enables each level
to determine its specific action plan to contribute to the fulfillment
of the Program.
In this regard, the Government’s 2026 Economic
and Social Program essentially encompasses the full scope of objectives
and actions implemented by every entity or economic actor, and
incorporates proposals stemming from the study and analysis process
undertaken for the Program.
With respect to the Government
Program for correcting distortions and boosting the economy for the year
2025, the Program’s title was updated, the scope of its general
objectives was refined, specific objectives were modified, indicators
were precisely defined, and targets were updated to align with the
projections for the current year.
Accordingly, the Government’s
2026 Economic and Social Program is structured into 10 General
Objectives, 111 specific objectives, 505 actions, and 309 indicators and
targets, as detailed below:
General Objectives:
1. Foster a macroeconomic environment that favors productive activity and the growth of external revenues.
2. Increase and diversify the country’s external revenues.
3. Increase national production, with an emphasis on food products.
4.
Transform, modernize, and develop the Cuban enterprise system by
strengthening the role of the socialist state enterprise, with an
emphasis on integration among all economic actors.
5. Advance the improvement of strategic management for territorial development.
6. Advance the improvement of Government management, National Defense, and National Security.
7.
Consolidate and develop social policies, guaranteeing protection of
individuals, families, households, and communities in situations of
vulnerability.
8. Advance the implementation of general directives
aimed at the prevention and reduction of crime, corruption,
illegalities, and social indiscipline.
9. Advance the recovery of the National Electric Power System, fostering energy sovereignty.
10.
Manage science and innovation, natural resources, social communication,
and digital transformation to drive spheres of sustainable development.
Program Structure:
Achieving
the expected results depends on everyone's work, starting with the
effective implementation of viable alternatives for moving forward.
The
Economic Plan and the State Budget for 2026 were approved under the
principle of being minimum values, so we must all identify our reserves.
An
important process this year was the holding of the Provincial Plenary
Sessions of the Central Committee of the Communist Party of Cuba (CC
PCC) and the extraordinary meetings, in January, of the Provincial
Councils and the Council of Administration in the Special Municipality
of Isla de la Juventud, in which local possibilities for exceeding the
plan were evaluated, with an emphasis on food production —goals which
have been incorporated into the targets of the Government’s Economic and
Social Program.
In this current, complex juncture, our resolve
to resist and prevail is reaffirmed—drawing our primary inspiration from
the example of Commander-in-Chief Fidel Castro Ruz during the centenary
year of his birth—and grounded in the conviction that, as he stated on
July 26, 1993: “...the only miracles are those that spring from human
dignity, from human intelligence, from human honor, and from human
labor.”
We are guided, in turn, by the directive issued by Army
General Raúl Castro Ruz at the closing of the 20th Congress of the
Workers' Central Union of Cuba, when he noted: “...let us bear in mind
the essential principle that, in order to distribute wealth, one must
first create it; and to do so, we must consistently enhance efficiency
and productivity.”
The First Secretary of the Central Committee
of the Communist Party of Cuba and President of the Republic, Miguel
Díaz-Canel Bermúdez, declared: “...we adhere to a guiding principle:
unity, continuity, and creative resistance. Unity centered on the Party,
the Revolution, and the Marxist, Martían, and Fidelista ideals.
Continuity regarding our historical legacy and the work we are building.
And creative resistance—so that, amidst shortages, we may create,
innovate, and forge ahead.”
The Government’s 2026 Economic and
Social Program serves as a guiding instrument; its realization demands
the maximization of endogenous resources, bolstered by the active
participation of the entire populace.






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