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Durante más años de los que me gustaría recordar, he impartido una de las asignaturas troncales del programa de Maestría en Asuntos Internacionales de la Escuela de Asuntos Internacionales de Penn State. La asignatura se titula "Actores, Instituciones y Marcos Jurídicos en Asuntos Internacionales". En el sitio web de la Escuela se describe de la siguiente manera:
"Este curso introduce a los estudiantes a los diversos niveles de interacción e intercambio internacional (supranacional, interestatal, entre Estado y sector privado, y entre particulares); las fuentes y limitaciones del derecho y la regulación en cada nivel; y la variedad de actores e instituciones característicos de cada nivel. El curso explora las funciones, la autoridad y las limitaciones de las instituciones y los actores en cada nivel, y las implicaciones de estos para la gobernanza nacional y transnacional, el desarrollo, los derechos humanos, el comercio, la migración y la sociedad civil."Durante la mayor parte de esos años, la estructura del curso ha sido bastante sencilla, con pequeñas revisiones contextuales anuales en torno a lo que parecía ser un conjunto de principios fundamentales relativamente estables, a partir de los cuales se podía estudiar, analizar y criticar, en sus propios términos, la a veces compleja ecología de las relaciones institucionales entre los actores, las instituciones y los marcos jurídicos reconocidos que formalizaban su universo de relaciones, un universo autocontenido (solo ciertos actores son admitidos en los sistemas de interrelaciones y autorrelaciones que importan) y autorreferencial (solo aquellos admitidos en el círculo de miembros contaban para las relaciones dialécticas dentro del grupo). Era divertido...
Fue interesante examinar cómo el poder conceptual de un proceso humano de meta-colectivización podía utilizarse como premisa ordenadora de las relaciones sociales humanas, expresadas a través de su política, economía, cultura, religión, etc. Los soviéticos pensaron a pequeña escala durante el primer tercio del siglo XX: granjas colectivas, fábricas colectivas y similares. La idea se basaba en la colectivización del individuo. Después de 1945, los aliados victoriosos retomaron esa idea y buscaron expandirla, junto con los principios ordenadores fundamentales de su modelo político-económico. Buscaron colectivizar el Estado como órgano operativo de un sistema global, un colectivo de colectivos.
La idea podría describirse de la siguiente manera: que todo y todos podían organizarse conscientemente en un colectivo, que los colectivos organizados podían gestionarse, y que estos colectivos gestionados, a su vez, podían organizarse en un colectivo mayor, un colectivo de colectivos, en torno al cual los valores pudieran converger de manera que se garantizara la estabilidad, construida sobre un conjunto de instituciones que reforzaran la solidaridad. Estos valores e instituciones, a su vez, pretendían superar lo que en aquel entonces se denominaba militarismo "asiático" y barbarie etno-racial-religiosa "europea". Los tiempos han cambiado, pero los comportamientos y valores fundamentales siguen siendo tabú. Este esfuerzo, este núcleo conceptual, requirió una reorientación de la idea de colectivización, basada no en la colectivización de las personas, sino en la colectivización del Estado, y con ello, en la colectivización de todo tipo de interacción humana (económica, social, religiosa, cultural, identitaria, etc.), organizándolas en relaciones jerárquicas con el Estado en su cúspide operativa y un creciente aparato tecno-burocrático institucional que representaba la colectivización estatal como su cúspide conceptual, generadora de valores e inductora de convergencia.
Sobre esta base, se podían desarrollar todos los aspectos de la vida colectiva. Podía construirse sobre los cimientos del pasado, al menos en cuanto a sus formas (el Estado y la primacía de la política como la expresión legítima y autorizada de la acción colectiva, el pensamiento, los valores, los principios, las costumbres y similares), con el fin de asegurar la autorrealización del individuo dentro de las formas de los tipos colectivos. Todo esto debía gestionarse a través del Estado (y luego delegarse a otros órganos colectivos adecuados para fines funcionalmente diferenciados), que era el instrumento para la realización de las normas de convergencia desarrolladas por los órganos institucionales de la cúspide, encargados de los valores normativos. De hecho, partiendo de la premisa de que la apoteosis del individuo solo podía alcanzarse mediante la colectivización, se podía crear un sistema en el que la realización personal fuera función del colectivo, que este colectivo convergiera en torno a valores fundamentales que hicieran posible y permanente la colectivización para la estabilidad y contra el caos, y que los valores en torno a los cuales se desarrollaría todo esto estuvieran arraigados en un colectivo de colectivos. De esto se derivaron, casi inevitablemente, los productos contemporáneos de la vida internacional: por ejemplo, los regímenes colectivos de derechos humanos, basados en los individuos pero ordenados a través de valores colectivos; el surgimiento de una identidad colectiva en torno a la cual los individuos podían realizarse y a partir de la cual podían comprender la esencia (colectiva) de su individualidad; y el reenfoque de la conciencia colectiva, de la maximización del bienestar individual a la del bienestar colectivo, transpuesta a un nivel global y operando dentro de plataformas interconectadas de autorrealización colectiva, unidas por los marcos normativos y discursivos (valores y lenguaje) de los principales organismos internacionales.
Por supuesto, este fue siempre (al menos desde 1945) un proceso en constante evolución. Y siempre estuvo marcado por las dialécticas internas, especialmente entre los subcolectivos que buscaban orientar este mecanismo de convergencia hacia su propia visión del mundo. Y siempre hubo quienes se resistieron: fuerzas tradicionalistas, reaccionarias y opositoras que cuestionaban el proyecto de colectivización, ya sea a favor de formas más antiguas (la religión, por ejemplo) o de formas anárquicas (basadas en versiones idealizadas del pasado), o que veían todo el proyecto de colectivización con diversos grados de horror por una variedad de razones históricas, culturales, personales o de otro tipo (los movimientos anticolonialistas, por ejemplo). Más allá de estos, existían colectivos contrarios organizados: organizaciones criminales internacionales y colectivos que rechazaban los valores normativos basados en la convergencia en torno a los cuales avanzaba la metacolectivización.
Sin embargo, el proceso y su progreso parecían lo suficientemente estables y avanzaban de forma predecible (aunque conviene ser cauteloso al sugerir que este movimiento tenía alguna dirección que no fuera la de la realización de su propia organización) que generaciones de académicos pudieran diseñar cursos basándose en ello, con la seguridad de que este proyecto representaba "la dirección que estaba tomando el mundo".
Esa suposición resultó ser el problema: la suposición de que las estructuras cognitivas humanas tienen una permanencia que supera la vida útil de quienes las crean, especialmente cuando los ciclos de nacimiento y muerte se entrelazan con cambios tecnológicos sustanciales. Lo que parecía inevitable en 1945, y lo que parecía haberse consolidado como un conjunto de prácticas normativas después de 1989, fue cada vez más cuestionado. Primero, por supuesto, en los márgenes, y luego en su centro. Se convirtió, como la mayoría de los proyectos humanos, en víctima de su propio éxito, un éxito que expuso las contradicciones subyacentes de sus estructuras, aspiraciones y operaciones, lo que, junto con una creciente sensación de introspección colectiva (y duda) y el compromiso de otros dentro del colectivo con el cumplimiento de sus objetivos extendiendo su lógica hasta sus límites de maneras específicas, tendió a producir las fuerzas contrarias que ahora parecen socavar el sistema. Esto no sugiere que el sistema contemporáneo esté en su lecho de muerte, ni que no pueda ser resiliente de alguna forma. Pero sí sugiere que la suposición central de la estabilidad del sistema y la solidez de sus valores normativos y operativos fundamentales ahora se cuestionan de maneras que no pueden ignorarse, demonizarse, silenciarse ni marginarse como producto de desviados antisociales de tipo social, cultural, económico, político o de cualquier otro tipo.
Así que... esto planteó un desafío, al menos para mí, al abordar un curso sobre "actores", "instituciones" y "marcos legales" en "asuntos internacionales", cuando cada uno de estos términos se ha vuelto controvertido, y donde sus interacciones esperadas se han vuelto aún más controvertidas. La ortodoxia, ya sea retrospectiva o prospectiva, estaba fuera de discusión, al menos para mí, ya que mi objetivo no es promover una agenda política o normativa. El desafío, entonces, podría organizarse de manera útil en torno a ofrecer a los estudiantes una visión de lo que está ocurriendo: pasado, presente y futuro. Esta visión resulta más útil cuando va más allá de la descripción, pero también cuando evita o al menos expone el sesgo y el juicio, permitiendo a los estudiantes acceder al análisis y dejando espacio para que cada uno aplique conscientemente su propia perspectiva para intentar comprender las cosas. ¿Con qué fin? Comunicación, en primer lugar; uno debe ser capaz de comprender a los demás (y sus propios marcos cognitivos) antes de poder comprender eficazmente una situación, un contexto, etc. Análisis, en segundo lugar; Así, se pueden comprender mejor las relaciones, los marcos, los deseos y las formas de racionalizar el mundo y, por ende, de responder a las cosas, los acontecimientos, las condiciones, las aspiraciones, etc., proyectándose fuera del propio universo cognitivo para comprender el de los demás.
Con este fin, he intentado desarrollar una Nota Conceptual para el curso que reformula su enfoque y objetivos, con la esperanza de abordar, si no comprender y enmarcar completamente, las realidades que parecen estar surgiendo, con cierta aceleración tras la pandemia de COVID-19. El marco conceptual de referencia es la colectivización, lo cual no sorprenderá al lector que haya llegado hasta aquí. Se trata de organizar el estudio de los "actores", las "instituciones" y los "marcos jurídicos" en el ámbito de las "relaciones internacionales" en torno a la racionalización de la colectivización como valor normativo, como instrumento y como medio para gestionar las relaciones sociales, tal como se expresan actualmente en las disputas, cada vez más intensas, por el control de la expresión de cada uno de estos aspectos de la colectivización. El trasfondo es, por lo tanto, una consideración de la relación del individuo con lo colectivo en la ordenación de los niveles interconectados de interacciones individuo-colectivo (dialéctica), centrándose en la colectivización de los Estados y otros actores emergentes en lo que hoy se considera "el ámbito global".
Para quienes estén interesados, la Nota Conceptual se encuentra a continuación.
INTAF 801
Actores, Instituciones y Marcos Jurídicos en los Asuntos Internacionales
Declaración del Concepto del Curso 6 de enero de 2026
Larry Catá Backer
“Actores, Instituciones y Marcos Jurídicos en los Asuntos Internacionales” introduce a los estudiantes a los principios y métodos fundamentales de la interacción y el intercambio internacionales. La interacción se refiere a las formas utilizadas para relacionarse con otros: comunicación, colaboración, cooperación, asociación y sus opuestos. Estas pueden variar desde lo informal y fortuito hasta lo formal y meticulosamente orquestado. El intercambio suele entenderse como una consecuencia de la interacción; es lo que la interacción posibilita en términos de comercio o intercambio. Pero también sugiere la calidad de la interacción: una discusión, un altercado, una manifestación de diferencias. La interacción y el intercambio caracterizan todos los comportamientos entre individuos, así como las instituciones y comunidades en las que pueden estar inmersos (ya sea por elección, nacimiento o circunstancias). Es alrededor de estos intercambios e interacciones que se tejen complejas redes de política, sociedad, economía, religión y cultura.
En su forma más general, la estructura del curso ha sido bastante sencilla, con pequeñas revisiones contextuales anuales en torno a lo que parecía ser un estado bastante estable de principios fundamentales a partir de los cuales se podía estudiar, analizar y criticar, en sus propios términos, la totalidad de la a veces barroca ecología de las relaciones institucionales entre actores reconocidos, instituciones y los marcos jurídicos que formalizaban su universo de relaciones autocontenido (solo ciertos actores son admitidos en los sistemas de interrelaciones y autorrelaciones que importan) y autorreferencial (solo aquellos admitidos en el círculo de miembros contaban para las relaciones dialécticas dentro del grupo). Este estudio requiere un examen más detallado de la forma en que el poder conceptual de un proceso de meta-colectivización dirigido por el ser humano podría utilizarse como premisa ordenadora de las relaciones sociales humanas expresadas a través de su política, economía, cultura, religión, etc. colectivas. Los soviéticos pensaron en pequeño durante el primer tercio del siglo XX: granjas colectivas, fábricas colectivas y similares. La idea se basaba en la colectivización del individuo. Después de 1945, los aliados victoriosos tomaron esa idea y buscaron expandirla, y con ella los principios ordenadores fundamentales de su modelo político-económico. Buscaron colectivizar el Estado como los órganos operativos de un sistema global, un colectivo de colectivos. La idea podría describirse de la siguiente manera: que todo y todos podrían organizarse conscientemente en un colectivo, que los colectivos organizados podrían gestionarse, y que, a su vez, los colectivos organizados y gestionados podrían organizarse en un colectivo, un colectivo de colectivos, en torno al cual los valores convergerían de manera que se garantizara la estabilidad, construida sobre un conjunto de instituciones de solidaridad que se reforzaran mutuamente. Estos valores e instituciones, a su vez, tenían como objetivo superar lo que en aquel entonces se denominaba militarismo "asiático" y barbarie etnorracial-religiosa "europea". Los tiempos han cambiado, pero los comportamientos y valores fundamentales siguen siendo tabú. Este esfuerzo, este núcleo conceptual, requirió una reorientación de la idea de colectivización, basada no en la colectivización de las personas, sino en la colectivización del Estado y, con ello, en la colectivización de todo tipo de interacción humana (económica, social, religiosa, cultural, identitaria, etc.), organizándolas luego en relaciones jerárquicas con el Estado en su cúspide operativa y un creciente aparato tecno-burocrático institucional que representaba la colectivización estatal como su cúspide conceptual, generadora de valores e inductora de convergencia.
Sobre esta base, se podrían desarrollar todos los aspectos de la vida colectiva. Podría construirse sobre los cimientos del pasado, al menos en cuanto a sus formas (el Estado y la primacía de la política como la expresión legítima y autoritaria suprema de la acción colectiva, el pensamiento, los valores, los principios, las costumbres y similares), con el fin de asegurar la autorrealización del individuo dentro de las formas de los tipos colectivos. Todo esto se gestionaría a través del Estado (y luego se delegaría a otros órganos colectivos adecuados para fines funcionalmente diferenciados), que era el instrumento para la realización de las normas de convergencia desarrolladas por los órganos institucionales de la cúspide, encargados de los valores normativos.
De hecho, partiendo de la premisa de que la apoteosis del individuo solo podía alcanzarse mediante su colectivización, se podía crear un sistema en el que la realización fuera función del colectivo, donde este debía converger en torno a valores fundamentales que hicieran que la colectivización para la estabilidad y contra el caos no solo fuera posible, sino permanente, y que los valores en torno a los cuales todo esto ocurriera se integraran en un colectivo de colectivos. De esto fue casi inevitable que surgieran los productos contemporáneos de la vida internacional: por ejemplo, los regímenes colectivos de derechos humanos basados en los individuos pero ordenados mediante valores colectivos; el surgimiento de una identidad colectiva en torno a la cual los individuos podían realizarse y comprender la esencia (colectiva) de su individualidad; y la reorientación de la conciencia colectiva, desde la maximización del bienestar individual a la colectiva, transpuesta a un nivel global y operada dentro de plataformas entrelazadas de autorrealización colectiva, unidas por los marcos normativos y discursivos (de valores y lenguaje) generales de los principales órganos internacionales. Por supuesto, esto siempre fue (al menos desde 1945) un proceso organizado y en desarrollo. Y siempre estuvo plagado de la dialéctica interna, especialmente entre los subcolectivos que buscaban adaptar este aparato de convergencia a su visión del mundo. Y siempre estuvieron los rezagados: fuerzas tradicionalistas, reaccionarias y de oposición que cuestionaban la iniciativa de la colectivización, ya sea a favor de formas más antiguas (la religión, por ejemplo) o formas anárquicas (basándose en versiones idealizadas del pasado), o que veían la iniciativa de la colectivización en su conjunto con diversos grados de horror por diversas razones históricas, culturales, personales o de otro tipo (los grupos anticolonialistas, por ejemplo). Más allá de estos, existían colectivos contracolectivos organizados: organizaciones criminales internacionales y colectivos que rechazaban los valores normativos basados en la convergencia en torno a los cuales avanzaba la metacolectivización. Aun así, el proceso y su progreso parecían lo suficientemente estables y avanzaban de forma predecible (aunque conviene ser cauteloso al sugerir que este movimiento tuviera otra dirección que no fuera el cumplimiento de sus premisas organizativas) como para que generaciones de académicos pudieran crear cursos en torno a él, convencidos de que este proyecto era el "camino que tomaba el mundo".
Por supuesto, esa suposición resultó ser el problema: la suposición de que las jaulas cognitivas humanas tienen una permanencia que excede la vida de quienes las construyen, especialmente cuando los ciclos de nacimiento y muerte se combinan con cambios tecnológicos sustanciales. Lo que parecía inevitable en 1945, y lo que parecía haberse consolidado como un conjunto de normas y prácticas después de 1989, fue cada vez más cuestionado. Primero, por supuesto, en los márgenes, y luego en su centro. Y así fue. Como la mayoría de los proyectos humanos, víctima de su propio éxito, un éxito que expuso las contradicciones subyacentes de sus estructuras, aspiraciones y operaciones. Estas, combinadas con una creciente introspección (y duda) colectiva, junto con el compromiso de otros dentro del colectivo con el cumplimiento de sus objetivos, extendiendo su lógica hasta sus límites de maneras específicas, tendieron a producir las contrafuerzas que ahora parecen tirar del sistema. Esto no implica que el sistema contemporáneo esté en su lecho de muerte ni que no pueda ser resiliente de alguna manera. Pero sí sugiere que el supuesto central de la estabilidad del sistema y la solidez de sus valores normativos y operativos fundamentales se cuestionan ahora de maneras que no pueden ignorarse, demonizarse, ignorarse ni marginarse como producto de desviaciones antisociales de índole social, cultural, económica, política o de otro tipo.
Este cambio de situación planteó un desafío al abordar un curso sobre "actores", "instituciones" y "marcos legales" en "asuntos internacionales", cuando cada uno de estos términos se ha vuelto controvertido y sus interacciones esperadas se han vuelto aún más controvertidas. La ortodoxia retrospectiva o progresista estaba descartada, al menos para mí, ya que mi objetivo no es promover una agenda política y normativa. El desafío, entonces, podría organizarse de manera útil para ofrecer a los estudiantes una visión de lo que está ocurriendo: pasado, presente y futuro. Esa visión se vuelve más útil cuando va más allá de la descripción, pero también cuando evita o al menos expone la editorialización y el juicio, permitiendo a los estudiantes acceder al análisis y dejando espacio para que cada uno aplique conscientemente su propia perspectiva para intentar comprender las cosas. ¿Con qué fines? Primero, la comunicación; uno debe ser capaz de comprender a los demás (y sus propios marcos cognitivos) antes de poder comprender eficazmente una situación, un contexto, etc. Segundo, el análisis; uno puede comprender mejor las relaciones, el marco, los deseos y las formas de racionalización el ordenamiento humano global y, por ende, responder a situaciones, eventos, condiciones, aspiraciones, etc., permite proyectarse más allá del propio universo cognitivo para comprender el de los demás.
Con este fin, se elaboró esta Nota Conceptual del Curso para guiar al estudiante en relación con el marco analítico y los objetivos del estudio a realizar. El marco conceptual de referencia es la colectivización, lo cual no sorprenderá al lector que haya llegado hasta aquí. Se trata de organizar el estudio de los "actores", las "instituciones" y los "marcos legales" en el ámbito de las "relaciones internacionales" en torno a la racionalización de la colectivización como valor normativo, como instrumento y como medio para gestionar las relaciones sociales, tal como se expresan actualmente en las disputas cada vez más intensas por el control de cada uno de estos aspectos de la colectivización. El trasfondo, por lo tanto, es la consideración de la relación del individuo con lo colectivo en la organización de los niveles interconectados de interacciones individuo-colectivo (dialéctica), centrándose en la colectivización de los Estados y otros actores emergentes en lo que hoy se considera "el ámbito global".
Estructura normativa y estructural de los materiales del curso: Sujetos, objetos, procesos, dialéctica.
La colectivización del Estado y sus consecuencias, tanto para los sistemas creados como para las repercusiones en otros sistemas de relaciones sociales humanas, es el tema central de este curso. Se centrará en las estructuras normativas de este proceso. Más específicamente, los estudiantes examinarán a los actores e instituciones que constituyen el núcleo del sistema contemporáneo de relaciones internacionales, y el marco jurídico que proporciona estructura y un lenguaje autorizado para el funcionamiento de dicho sistema.
Para los fines de este curso, esta ecología de interacción e intercambio se considerará a partir de las interacciones y los intercambios entre dos categorías amplias pero distintas de personas con capacidad de acción: actores e instituciones:
Actores: individuos, personas, colectivos formales (estados, organizaciones públicas y privadas), colectivos informales (identidades, afiliaciones, etc.); y otros actores abstractos reconocidos o configurados (territorios organizados como estados; producción organizada como empresas multinacionales; objetos (de producción, simbólicos, etc.)).
Instituciones: la manifestación organizacional formal de los colectivos, y la manifestación de objetos y procesos (por ejemplo: los tribunales son expresiones institucionales del derecho); cabe preguntarse si los colectivos organizados informalmente pueden considerarse institucionalizados o si un solo individuo u objeto puede constituir una institución; es decir, ¿organizan las instituciones a los colectivos o se entienden mejor como avatares consolidados de cualquier persona o grupo con acceso a sus formas y autoridad?
El enfoque principal de la estructuración de estas interacciones e intercambios se centrará en el derecho y los marcos jurídicos. En ese contexto, todos los demás marcos (políticos, sociales, culturales, económicos y religiosos) se considerarán a través de la perspectiva de los marcos jurídicos, en torno a los cuales se organiza, en cierta medida y de forma importante, el ordenamiento formal de la sociedad humana.
Marcos jurídicos: El lenguaje y los principios bajo los cuales los individuos y las instituciones desarrollan y aplican normas, manifestadas a través de una ideología específica de elaboración de normas, para la construcción de colectivos públicos (y ahora privados); entendidos como el sistema jurídico-ideología de los estados, de la constitución y el funcionamiento internacional de los actores no estatales; y de otros colectivos.
Una forma de concebir las interacciones de actores, instituciones y marcos jurídicos es como un conjunto de sistemas cerrados interactivos (a veces denominados autorreflexivos) de interacción e intercambio que se producen, se registran y generan normas jurídicas para guiar el comportamiento y alcanzar objetivos colectivos legítimos y autorizados.
Sin embargo, estas complejas interacciones de los sistemas se basan en un conjunto de estructuras sistémicas más fundamentales que proporcionan el marco a través del cual estas interacciones y concepciones sistémicas adquieren significado y forma. Este marco fundamental se aplica a todas las formas de dotar de significado al mundo y de significar objetos, personas, comportamientos y actividades en torno a un conjunto de enfoques centrales para racionalizar el mundo. Esto lo podemos entender como la cosmovisión (popularmente, incluso en inglés, Weltanschauung).
Ideologías, imaginarios o «mundos de la vida»: la forma en que el conocimiento se organiza y racionaliza a través de sistemas de interpretación, comprensión y atribución de significado al mundo que nos rodea (Sartre, Lacan). También puede entenderse como percepciones compartidas del significado de la realidad, respaldadas por un amplio consenso subyacente (Habermas); o como biopolítica (las narrativas a través de las cuales el poder social y político se normaliza mediante el control y la gestión de los cuerpos de los seres vivos y su relación con los objetos físicos y abstractos y las tecnologías de control) (Foucault).
La siguiente tabla puede resultar útil para organizar el marco analítico en torno al cual el curso estructura los materiales de estudio.
Desde esta perspectiva, ahora es posible enunciar con mayor precisión el principio operativo central de este curso —y la comprensión fundamental en torno a la cual se creará el significado y se presentarán los materiales— que es el siguiente:
(1) El orden global en el mundo contemporáneo representa el estado actual de las interacciones e intercambios entre múltiples actores e instituciones. Estos actores e instituciones pueden entenderse a sí mismos (percibirse o comprenderse) y su lugar en el orden global de manera muy diferente a como otros actores e instituciones los perciben o interpretan su carácter o el significado de sus acciones.
(2) Los marcos legales a través de los cuales se racionalizan esas acciones e interacciones son un medio, aunque muy significativo, para buscar un lenguaje y una base comunes para el intercambio y la interacción, y para señalar no solo una creencia compartida en la existencia (y, en cierta medida, el significado) de la acción, sino también su legitimidad y la autoridad del actor, tanto dentro de sus propios espacios como en la actividad entre actores. Existen múltiples marcos legales. Sin embargo, comparten ciertas características discursivas y modos de operación comunes, y construyen un universo de significado muy específico que ha servido para organizar la forma en que se perciben los actores, las instituciones y sus intercambios e interacciones.
(3) Los actores, las instituciones y los marcos legales a través de los cuales se racionalizan sus interacciones e intercambios solo pueden entenderse en referencia a los enfoques centrales sobre la forma en que se da significado a la realidad en la que tienen lugar estas acciones y en la que se constituyen estos actores e instituciones. En las condiciones contemporáneas, los múltiples imaginarios fundamentales del orden global compiten por dar forma a las lentes de significado a través de las cuales se entienden y evalúan los marcos legales y los actores e instituciones que operan dentro de ellos, proporcionando el marco central para la percepción, incluida la percepción de valores, objetivos, tabúes y similares. Estas complejas redes interactivas, a su vez, sirven de base para los grandes sistemas que ahora dominan la vida en prácticamente todas las partes del mundo. El curso comienza con un examen de las ideologías de los sistemas organizativos y luego considera seis sistemas clave que constituyen los elementos impulsores de las interacciones e intercambios internacionales.
(4) El estado actual del orden global en el mundo contemporáneo (punto (1) anterior) continúa evolucionando. Esa evolución afecta la forma en que se abordan las perspectivas contemporáneas sobre los actores, las instituciones y los marcos legales de diversas maneras. En primer lugar, el concepto de actor está cambiando sustancialmente, al igual que la variedad de formas de integrarlos (comprendiendo lo que representan) en los sistemas (políticos, económicos, sociales, religiosos, locales, nacionales, transnacionales e internacionales). Si bien antes existía un elenco de "actores" muy limitado y bien definido, el concepto de "actor" se ha vuelto fluido y ya no existe consenso sobre su naturaleza y significado. En segundo lugar, las instituciones también se están transformando. No es que las instituciones fueran estables, sino que las trayectorias de cambio actuales sugieren conflictos en torno a la naturaleza, el papel y la función de las instituciones dentro de los sistemas y cómo deberían articularse entre sí. En tercer lugar, los marcos legales están siendo objeto de un profundo cuestionamiento en todos los niveles. Los marcos legales también se entendían antes de forma muy específica. Esto ya no es así, ya que la antigua y consolidada comprensión del derecho y la jerarquía legal parece estar siendo desafiada tanto por el derecho privado como por regímenes informales de creación de normas de diversa índole.
(5) En la base de estos cambios y desafíos se encuentran las transformaciones y los retos a lo que había sido un estado estable de ideologías dominantes, construidas en torno a un conjunto de premisas “globalistas” que se utilizaban para configurar la concepción y el debate de los problemas. Este marco se ve ahora cuestionado (y también defendido). Los globalistas que abogan por la convergencia siguen siendo una fuerza poderosa. Sin embargo, las conmociones que han sufrido los sistemas construidos sobre la base de estas premisas, comenzando con los atentados de Nueva York en 2001, la crisis financiera de 2006-2008 y, posteriormente, la reanudación de las guerras entre las grandes potencias europeas en 2014 (casi un siglo después de su inicio en 1914), han creado espacios conceptuales para un desafío y una evolución sustanciales en la ideología y en las premisas fundamentales sobre las que se asienta. Si bien antes se podía dividir el mundo ideológicamente entre una perspectiva liberal democrática, una marxista-leninista y una amalgama de enfoques poscolonialistas, cada una de las cuales adoptaba alguna forma de globalismo de convergencia, esta división se ve ahora sometida a un desafío considerable. El marxismo-leninismo chino continúa evolucionando en su Nueva Era, y con él, su internacionalismo, ahora basado en la defensa del orden multilateral dentro de un conjunto de órganos institucionales en los que se pueden alcanzar objetivos comunes y mantener un diálogo intergubernamental, al tiempo que desarrolla su propio marco autónomo en torno a sus iniciativas de la "Ruta de la Seda". La democracia liberal, especialmente en los principales estados de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), también ha evolucionado y, en cierta medida, se ha fragmentado en sus enfoques de las relaciones internacionales. Por un lado, se encuentran los enfoques europeos que aún defienden las nociones de internacionalismo de convergencia, basadas en sistemas de supervisión regulatoria fundamentados en instituciones de regulación y cumplimiento interconectadas dentro de los Estados y las organizaciones internacionales. Por otro lado, se observa la evolución de un enfoque estadounidense de "Estados Unidos primero", basado en los principios de soberanía y la protección de los intereses nacionales, y centrado en la protección de los espacios transaccionales impulsados por los mercados y guiados por los órganos estatales.
(6) En segundo plano, acecha una serie de actores extralegales que están reconfigurando el ámbito "internacional". Estos incluyen redes de actores extralegales que han desarrollado sus propias estructuras de instituciones, legalidades y operaciones que les permiten operar como entidades colectivas autónomas que existen más allá de la vida útil de cualquiera de sus miembros. Aquí nos encontramos no solo con organizaciones criminales internacionales, sino también con todo tipo de organizaciones que buscan actuar de forma autónoma respecto al sistema internacional construido en torno al Estado y sus instrumentos públicos y privados. Además, los colectivos virtuales y sus plataformas son cada vez más visibles en los espacios internacionales. Cuando estas organizaciones operan también dentro de plataformas de actores, las posibilidades de crear internacionalismos paralelos aumentan de maneras que apenas ahora comienzan a vislumbrarse.
Los objetivos de este curso son, por lo tanto, proporcionar a los estudiantes una introducción a la forma en que se pueden identificar y comprender los actores, las instituciones, los marcos legales y las ideologías subyacentes. Pero, quizás más importante aún, comenzar a brindarles las herramientas para comprender cómo, bajo qué circunstancias y de qué maneras, incluso las nociones más arraigadas de actores, instituciones y marcos legales cambian con el tiempo. En este sentido, dos tipos de cambios resultan cruciales: el primero es el cambio evolutivo, que permanece plenamente integrado en las premisas generativas sobre las que se construyen y operan los sistemas; el segundo es el cambio transformador, en el que las premisas operativas centrales son objeto de cuestionamiento y modificación. A partir de esta comprensión fundamental, es posible proporcionar a los estudiantes las herramientas para identificar los enfoques contemporáneos y los puntos de convergencia y divergencia en la conceptualización y racionalización del orden global, principalmente a través de una perspectiva jurídica.
Sobre esta base, es posible dar mayor solidez a los conceptos en torno a los cuales se estructura el curso.
Ideologías organizadoras de los asuntos internacionales.
Todo sistema, sin embargo, está compuesto por actores y por las instituciones dentro de las cuales estos actores pueden participar en actividades colectivas. Estos sistemas requieren un discurso común, un medio de comunicación basado en percepciones compartidas que pueda utilizarse para emprender acciones y desarrollar programas sustantivos, así como para evaluar dichas acciones. Para ello, resulta necesario comprender a los actores, las instituciones en las que operan y el lenguaje estructurador a través del cual se les da efecto y significado a dichas acciones. Este es el lenguaje de las ideologías de la globalización que “forman parte de una familia extensa que traduce un imaginario global generalizado en programas y agendas políticas contrapuestas”. El análisis de cada uno de los sistemas identificados a continuación requiere un examen minucioso de los actores, las instituciones y el lenguaje que los configura y a través del cual operan. Cada uno requiere un enfoque ligeramente diferente.
Se identifica un conjunto fundamental de ideologías globales. Se prestará especial atención a la ideología dominante de los asuntos internacionales contemporáneos: la ideología de la globalización posterior a 1945, construida en torno a una visión muy específica del sistema estatal. Se identifican los valores y las premisas clave de esta base ideológica y se sugieren sus trayectorias. Se trata de una ideología sistémica que alcanzó la cúspide de su poder en las primeras décadas del siglo XXI. Se fundamenta en los principios de la libre circulación de bienes, capitales, inversiones y, en menor medida, personas, impulsada por el mercado. Adopta el principio de igualdad formal entre los Estados y la supremacía del derecho nacional. Crea una comunidad de Estados a través del derecho internacional, que se transforma de meros contratos entre Estados a documentos constitutivos que crean un gobierno para la gestión de los deberes y responsabilidades de los Estados, y para el desarrollo de los valores que debe promover dicha comunidad. También es un sistema que fomenta la delegación de autoridad y adopta nuevas fuentes de gobernanza y nuevos actores de la gobernanza que operan en el espacio transnacional: la sociedad civil, las empresas multinacionales, los organismos privados de normalización, las organizaciones religiosas. Es también un sistema que se basa cada vez más en culturas generales de cumplimiento y rendición de cuentas, administradas a través de normas supervisadas por burocracias de actores públicos y privados.
Esta ideología de la globalización posterior a 1945 se encuentra actualmente en entredicho, y los estudiantes también considerarán varias de estas ideologías que la cuestionan. En resumen, estas incluyen ideologías que sugieren órdenes post-globales basadas en jerarquías construidas en torno a una potencia dominante y organizadas en torno a un conjunto de principios dominantes. Estos principios pueden determinar la forma de estas estructuras post-globales, o bien las estructuras post-globales pueden generar los principios que las configuran. Se presentan a través de lo que yo denominaría un imperialismo post-global (en el sentido más antiguo de sistemas de imperio (mando o autoridad suprema), en lugar de sistemas que evocan la versión de los sistemas imperiales de territorialismo etno-cultural-racializado de los siglos XIX y XX). Se representan mediante variaciones de sistemas de red centralizada de relaciones interestatales, que luego se amplían y administran a través de instituciones internacionales y se implementan mediante actores privados delegados. Los proyectos "America First" y la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China podrían ser manifestaciones de esta ideología. También incluye ideologías postcoloniales. Estas tienen una trayectoria más antigua y surgieron incluso cuando la ideología de la globalización contemporánea alcanzó su predominio. Las ideologías postcoloniales rechazan los principios fundamentales de la globalización posterior a 1945 y los de las escuelas neo-imperialistas, especialmente el ejercicio de la autoridad hegemónica por parte de los Estados y el papel de gobernanza de los actores privados. Buscan deconstruir los sistemas actuales basándose en el objetivo de desmantelar las estructuras de jerarquías de poder entre los Estados y lograr una distribución más equitativa de los beneficios y las obligaciones que forman parte de la tarea de aumentar el bienestar humano. Desconfían del ejercicio del poder más allá de las fronteras estatales, pero comprenden que la comunidad es necesaria como condición previa para desafiar el ejercicio desequilibrado del poder nacional, ya sea directamente o a través de organizaciones internacionales.
Cada una de estas ideologías se manifiesta en la construcción de sistemas de relaciones internacionales. Se presentará a los estudiantes la relación entre la perspectiva ideológica y la forma en que esta afecta y limita la posibilidad de construir sistemas de relaciones internacionales. Inicialmente, el enfoque se centrará en introducir a los estudiantes a la narrativa principal convencional de las relaciones internacionales (y en reinterpretar esa narrativa a través del análisis ideológico). Posteriormente, se considerarán las escuelas emergentes de relaciones internacionales, centrándose en las teorías del derecho transnacional y plural, y la policentricidad en la gobernanza. Dado que se trata de la construcción de sistemas, los estudiantes también se familiarizarán con (1) las formas del discurso jurídico, (2) la traducción de posiciones ideológicas a manifestaciones concretas, (3) la organización institucional, (4) la gestión del poder y (5) la creación de sistemas de valores (6) a través de los cuales se organiza la política, la cultura y la sociología de las relaciones internacionales.
Actores, Instituciones, Derecho.
Las ideologías marco deben enmarcar alguna comunidad y ocupar algún tipo de espacio (concreto o abstracto) dentro del cual puedan manifestarse y aplicarse. En las relaciones internacionales, la comunidad a través de la cual se manifiestan las ideologías incluye tres tipos de estructuras bastante diferentes que van de lo más o menos concreto a lo infinitamente abstracto.
1. Actores. No todos los actores son centrales para cada uno de los cinco sistemas descritos anteriormente. Será necesario examinar qué actores tienden a ser importantes para un sistema y determinar, además, el grado de importancia de los actores en los diferentes sistemas (y cómo se entiende esa importancia). La característica definitoria de los actores es que "actúan", es decir, que son capaces de ejercer agencia. Tienen la capacidad, cualquiera que sea su constitución, de poner las cosas en movimiento, de actuar; son quienes impulsan otras cosas (personas, eventos, políticas, decisiones, etc.). Cualquier persona o cosa, abstracta o corpórea, puede ser un actor. Parte de lo que el estudiante emprenderá en este curso es comenzar a desarrollar un método para identificar a los actores relevantes para el estudio de las relaciones internacionales. En ese contexto, sin embargo, el carácter de los propios actores es un elemento esencial para comprender las características de los sistemas, pero también las limitaciones a las que estarán sujetos dichos sistemas. Cada actor posee un conjunto de autoconcepciones y principios de acción (incluidos objetivos y tabúes) que son esenciales para su propia constitución, pero también cruciales para su funcionamiento dentro de los sistemas. La acumulación de estos objetivos y limitaciones operativas confiere al sistema su carácter y define los límites de su evolución (y, como veremos, de su reforma). La identificación y el análisis de los actores, por lo tanto, desempeñan un papel fundamental en el estudio de los sistemas en los que actúan. Pero los actores también son objetos. En este sentido, son objetos a los que se les puede otorgar significado, y este significado les atribuye cualidades y características ante las cuales otros actores pueden reaccionar. Vienen a la mente algunos objetos-actores clave. Uno es el territorio físico (la tierra); otro es el territorio abstracto materializado (por ejemplo, las patentes). Los símbolos también son elementos que pueden ser utilizados por otros actores, o pueden ser herramientas o aspectos de otros actores, cuya interacción provoca una respuesta (representaciones pictóricas de figuras religiosas, iconos, banderas).
2. Instituciones. Las instituciones son establecimientos a través de los cuales los colectivos pueden convertirse en una singularidad; son una entidad establecida, así como su estructura y características. También son un híbrido curioso, como el Estado. Por un lado, es una singularidad. Se habla de una institución y se la entiende en singular. Y, sin embargo, esa personalidad singular es una construcción: de la ley, de las normas y expectativas sociales, y del consentimiento colectivo de quienes deciden operar dentro de ella. Al mismo tiempo, las instituciones pueden entenderse como colectivos, como los medios a través de los cuales los individuos pueden agregar algo (capital, esfuerzo, autoridad política o religiosa) y gestionar objetivos, aspiraciones y reglas colectivas para crear comunidades de interés compartido. Las instituciones son tanto la suma de sus componentes como un organismo aparte de quienes se unen para crearlas. Es un medio de estructuración y agregación, de acción colectiva, pero al mismo tiempo es un actor singular. En la primera mitad del siglo XXI, las instituciones también se han llegado a entender como plataformas. En este sentido, son un punto de conexión, un espacio, dentro del cual pueden operar otros actores. En este sentido, pueden ser colectivos compuestos por otros actores. Por ejemplo, el sistema internacional incluye organizaciones internacionales que son, a su vez, los órganos representativos de los Estados. En este sentido, los Estados podrían entenderse como su componente interno (en el sentido de que un Estado son sus ciudadanos, o una corporación sus accionistas). No obstante, dichas instituciones pueden buscar cierto grado de autonomía con respecto a los Estados, de la misma manera que los gobiernos de los Estados son autónomos de sus ciudadanos o el consejo de administración de sus accionistas. Cada una representa una agregación de un colectivo que es distinto de cualquiera de sus miembros. Para representarlos a todos, la institución no puede representar a ninguno de ellos individualmente. Sin embargo, las instituciones convencionales no representan todo el universo de la existencia institucional. Por ejemplo, los mercados también son instituciones: un espacio donde los actores y otros pueden intercambiar objetos. Dependiendo de las circunstancias, se pueden enfatizar estas diferentes características. Pero, en conjunto, desempeñan un papel clave para comprender el funcionamiento de las organizaciones colectivas. Durante el curso de estudio, consideraremos la forma en que los diferentes sistemas abordan la construcción de instituciones de manera diferente, y las consecuencias de esas diferencias en términos de los intercambios e interacciones posibles entre ellas.
3. Derecho. Los estudiantes están bastante familiarizados con el lenguaje de las políticas públicas, al menos en lo que respecta a la construcción del discurso y la atribución de significado (incluidos los valores) a palabras, conceptos y tabúes. Sin embargo, están menos familiarizados con el lenguaje del derecho y de los negocios. Tanto el lenguaje como el discurso, la forma en que se construye el significado y los marcos de referencia a través del lenguaje de las políticas públicas y el derecho, son subconjuntos del lenguaje y el discurso más amplios que enmarcan las ideologías centrales del sistema. Los seis grandes sistemas que se analizarán, y que se identifican a continuación, están esencialmente enmarcados por un lenguaje, conceptos y principios que abarcan tanto el derecho como los negocios. Se destacará la familiaridad con los conceptos y la orientación jurídicos, así como las figuras retóricas utilizadas para expresar (y gestionar) cuestiones políticas, económicas, sociales y religiosas a través del derecho. Pero el lenguaje de los negocios también ha adquirido importancia. Vivimos en un mundo de rendición de cuentas, cuyas normas se implementan no a través del poder coercitivo del Estado, sino mediante el proceso constante y repetitivo de evaluación. La contabilidad y la rendición de cuentas, la gestión de riesgos y el cumplimiento normativo también se considerarán como los medios a través de los cuales operan actualmente los sistemas. Asimismo, las diferencias en la forma en que el lenguaje (del derecho y la rendición de cuentas) se utiliza en estos sistemas revelan mucho a los estudiantes sobre su funcionamiento y su concepción. Se prestará atención a las similitudes y diferencias entre los sistemas en la forma en que utilizan el lenguaje del derecho y de la rendición de cuentas.
Seis actores e instituciones clave en sus marcos jurídicos en los asuntos internacionales.
La combinación de las ideologías que enmarcan la globalización y los tres componentes estructurales necesarios para darles vida, operan actualmente dentro de seis sistemas en los que la ideología y los grupos de actores, instituciones y leyes interactúan para conferir al sistema su carácter interno y definir la forma en que pueden interactuar con otros sistemas. En conjunto, esto produce la ecología dentro de la cual es posible comprender los asuntos internacionales. Los seis sistemas fundamentales que conforman el entorno en el que se desarrollan los asuntos internacionales incluyen: (1) el Estado; (2) las organizaciones internacionales públicas (incluidas las organizaciones regionales); (3) las organizaciones internacionales privadas (sociedad civil y empresas multinacionales); (4) los sistemas económicos transnacionales privados (empresas multinacionales, empresas estatales); (5) los sistemas judiciales internacionales públicos; y (6) los sistemas privados de resolución de quejas y controversias.
1. El Estado y su sistema de marco jurídico institucional. Los sistemas políticos siguen siendo los componentes básicos a través de los cuales se fundamentan los intercambios e interacciones internacionales. Hasta mediados del siglo XX, se consideraba que los Estados eran el único mecanismo con autoridad para dichos intercambios. Sin embargo, el desarrollo del multilateralismo y el auge de la autoridad de gobernanza en las organizaciones públicas y privadas internacionales —los fundamentos estructurales de la globalización— han transformado sustancialmente el papel y la función de los Estados. Aun así, no es posible comprender las interacciones e intercambios internacionales sin comprender primero al Estado dentro de estas redes emergentes de actividad y de gobernanza. En ese contexto, es importante comprender el concepto de Estado, el significado de soberanía y el marco básico dentro del cual los Estados han desarrollado normas para regir sus relaciones mutuas. También es importante comprender que los Estados no se perciben de la misma manera desde dentro y desde fuera. Desde fuera, el Estado aparece como una entidad corporativa unitaria en la que se ha investido toda la autoridad política (mediante la aplicación de la teoría política que mejor se adapte a su población). Los Estados son formalmente iguales en sus relaciones mutuas; funcionalmente, la autoridad y el poder de los Estados se basan en una serie de factores. Pero, en la práctica, todos los Estados son desiguales. Los Estados pueden trabajar en conjunto o pueden intentar actuar solos. Pero todos los Estados parecen sólidos desde fuera: un solo color pintado en los mapas. Desde dentro, los Estados pueden parecer mucho menos sólidos. Si bien los Estados son sólidos, su gobierno puede variar enormemente. Esta variación no se limita a la organización y la teoría de funcionamiento del gobierno. Pero también aborda el alcance efectivo del control gubernamental sobre su territorio y población. Así como los Estados pueden ceder parte de su autoridad a instituciones creadas entre un grupo de Estados, también han cedido autoridad a regiones y pueblos. Si bien los Estados ostentan la máxima autoridad en materia política, económica y social, pueden tener una relación más compleja con la religión y con las naciones étnicas dentro de su territorio. Desde 1945, los Estados también han operado en el sector privado. Se han convertido en empresas (empresas estatales); en vehículos de inversión (fondos soberanos); en bancos y compañías de seguros (bancos de exportación e importación). Esto ha complejizado la concepción tradicional de los Estados como entidades públicas que regulan los mercados, en contraposición a las entidades privadas que participan en ellos o a los actores sociales. La máxima expresión de la actividad estatal se manifiesta a través del derecho o del ejercicio discrecional del poder ejecutivo (administrativo). Será tan importante para el estudiante comprender el lenguaje (sus ideologías y limitaciones) que utilizan los Estados para comunicarse (y para vincularse a sí mismos y a sus ciudadanos) como desarrollar una comprensión más clara del propio Estado. Para ello, será necesario un conocimiento básico de los principios del derecho internacional y de la formación de los Estados nacionales.
2. Organizaciones internacionales públicas dentro y fuera del sistema estatal. Especialmente desde 1945, los Estados han buscado actuar concertadamente. Este principio de acción concertada ha llevado al desarrollo de un universo enorme y diversificado de organizaciones internacionales, muchas de las cuales cuentan con poderes ejecutivos, legislativos o judiciales. Las organizaciones internacionales son construcciones de los Estados. Se crean mediante el derecho y funcionan mediante principios de gobernanza limitados por el derecho (internacional) en el que fueron creadas. Las organizaciones internacionales pueden organizarse en sistemas multiinstitucionales complejos; el clásico es el sistema de las Naciones Unidas. O pueden organizarse en órganos funcionalmente distintivos, como la Organización Mundial del Comercio o la Corte Penal Internacional (esta última considerada un ejemplo de institución fiscal-judicial). Su autoridad está limitada únicamente por la disposición de los Estados a ceder ante ella. Pero desde 1945, incluso los Estados que no consienten pueden verse atrapados en sus redes de gobernanza. A los Estados que no consienten se les puede exigir que observen las normas de la práctica internacional en sus relaciones con los Estados que sí consienten. Pero las organizaciones internacionales no se limitan a asuntos tradicionales de interés público. El papel de las instituciones financieras internacionales (IFI), principalmente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a los que ahora se suman el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y otros, ha sido crucial para la construcción de un sistema económico y financiero globalmente disciplinado que integre los valores de la globalización impulsada por los mercados y sus valores de gobernanza. Aquí se encuentra el poder regulatorio y político de los préstamos y su legalización mediante contratos. La gran red de organizaciones internacionales ha sentado las bases necesarias para el desarrollo de la globalización económica. Han establecido estándares globales y han proporcionado principios normativos globales consensuados, desde principios de desarrollo hasta derechos humanos y conflictos. Su funcionamiento es tan variado como sus objetivos. La comprensión del sistema internacional y su relación con los Estados, y cada vez más con individuos y entidades no estatales, constituye el elemento clave en el funcionamiento de los sistemas globales.
3. Organizaciones privadas internacionales y transnacionales como complemento, alternativa o desafío al sistema global institucional público-estatal ortodoxo. Los Estados no son las únicas entidades corporativas que han adoptado la noción de multilateralismo. La globalización también ha generado una tendencia hacia el desarrollo y funcionamiento de organizaciones internacionales privadas. Las más conocidas son las organizaciones gubernamentales internacionales que buscan actuar como nexo para la organización de la voluntad popular colectiva entre los Estados. Estas suelen organizarse según líneas funcionales diferenciadas. Amnistía Internacional y Oxfam son dos ejemplos famosos. Pero existen otras, que se han convertido en actores importantes en los sistemas de organizaciones públicas internacionales. Más allá de las ONG, existe un número creciente de organizaciones internacionales privadas que operan en diversas áreas. Estas incluyen organizaciones normativas y organizaciones que crean, certifican y supervisan el cumplimiento de sus propias normas. Se han convertido en un elemento esencial de la transición de una responsabilidad basada en los derechos humanos a una responsabilidad basada en la sostenibilidad para las transacciones económicas de organismos públicos o privados. En este proceso, han desarrollado sistemas de gobernanza, a veces autónomos, que se han convertido en importantes impulsores de los intercambios e interacciones internacionales.
4. Sistemas económicos transnacionales privados (EMN; EPE; FSI) como órdenes globales sin Estado o como Estados sin territorio. La globalización no solo ha vuelto más porosas las fronteras, sino que también ha creado una importante brecha de gobernanza. Si bien los Estados tienen gran autoridad dentro de sus fronteras, generalmente no pueden alcanzar la actividad económica más allá de ellas, aunque el poder de los Estados más poderosos para llegar a sus actores económicos fuera de sus fronteras es mayor. Y ese es el problema. La globalización ha posibilitado la transición de las cadenas de producción nacionales a las globales. Ha permitido la desagregación de la actividad económica. De esta manera, la actividad económica desagregada puede ubicarse en cualquier número de lugares diferentes y coordinarse mediante relaciones interconectadas de contrato o propiedad. La agregación resultante, la corporación multinacional, ha transformado la naturaleza de la gobernanza. Desde principios de este siglo, la empresa multinacional se ha convertido tanto en fuente como en objeto de regulación internacional. Los Estados y las organizaciones internacionales han delegado cada vez más los objetivos regulatorios en las EMN. Las culturas jurídicas de cumplimiento y rendición de cuentas, incluyendo las iniciativas anticorrupción, las obligaciones en materia de derechos humanos y sostenibilidad, junto con los esfuerzos para reprimir el terrorismo y la delincuencia internacional (lavado de dinero, esclavitud moderna) han dado lugar a la creación de marcos legales y normativos a nivel nacional e internacional que han impuesto a las empresas multinacionales la obligación de supervisar sus cadenas de suministro y de utilizar sus relaciones de control y contractuales para garantizar el cumplimiento de las expectativas normativas y legales. Las empresas multinacionales también se han convertido, al igual que las ONG, en actores importantes en la creación de normas internacionales. Como resultado, gran parte de la regulación operativa de la actividad económica es supervisada o desarrollada a través del sistema de producción económica coordinada y descentralizada.
5. Sistemas judiciales internacionales públicos como espacios comunes y de mediación autónomos. Los sistemas judiciales públicos son, en algunos aspectos, las formas más antiguas y, a la vez, menos desarrolladas de órganos de reparación internacional. Es probable que los órganos judiciales internacionales públicos surgieran tardíamente precisamente debido a la utilidad y el éxito de los sistemas judiciales nacionales y a la disposición de los Estados a tolerar la búsqueda del foro y la ley más favorables que se deriva de un sistema fragmentado según líneas nacionales. Sin embargo, desde principios del siglo XX, y cada vez más en este siglo, han surgido órganos judiciales internacionales públicos en respuesta a la necesidad de los Estados de encontrar un medio de solución pacífica de las controversias entre ellos. Más importante aún, a medida que se han creado organizaciones internacionales para desarrollar sistemas de derecho internacional, se han tenido que desarrollar mecanismos judiciales para proporcionar un medio de reivindicar estos sistemas de derechos y deberes recientemente desarrollados. Entre estos esfuerzos, destaca el desarrollo de un sistema internacional de derecho penal y el desarrollo simultáneo de una Corte Penal Internacional a través de la cual se reivindican esos derechos. Pero también es importante la evolución de los tribunales regionales de derechos humanos. Los tribunales europeos, de la OEA y africanos de derechos humanos se han convertido en actores poderosos en el desarrollo de un sistema normativo basado en los derechos humanos, y como vehículo para la reivindicación de dichos derechos, principalmente contra los Estados de forma indirecta y contra particulares de forma indirecta.
6. Sistemas privados de resolución de quejas y controversias internacionales como espacios comunes y de mediación. Desde finales del siglo pasado, varios sistemas de resolución de controversias y de reparación han adquirido prominencia. Estos tienden a combinar elementos de organizaciones públicas y privadas. Lo que los distingue es su separación tanto de los órganos judiciales de los Estados como de una estricta adhesión a los ordenamientos jurídicos internos de cualquier Estado o de organismos internacionales. Ha surgido una gran variedad de formas. Algunas de ellas son casi totalmente privadas y se ocupan específicamente de cuestiones relacionadas con la actividad económica. En este sentido, consideraremos los grandes sistemas de arbitraje privado que han surgido, tanto como ejemplos de sistemas autónomos como por sus características sustantivas y operativas. También consideraremos los sistemas de arbitraje híbridos. Estos incluyen el CIADI, un sistema patrocinado por el Banco Mundial para el arbitraje de reclamaciones entre Estados y entidades privadas relacionadas con la protección de los acuerdos comerciales bilaterales. Pero, cada vez más, estos sistemas privados también incluyen mecanismos de reclamación emergentes basados en empresas. Estos se distinguen por tres razones. En primer lugar, tienden a servir como creadores de normas aplicables específicas de la empresa. En segundo lugar, estas normas tienden a aplicarse, cada vez más, a lo largo de toda la cadena de producción sobre la que la empresa tiene autoridad. En tercer lugar, dan lugar a mecanismos de reclamación que, en ocasiones, incluso sustituyen a los ofrecidos por los Estados a través de sus sistemas judiciales. Relacionados con estos mecanismos de reclamación empresariales se encuentran los mecanismos privados multilaterales. El más conocido de ellos se estableció tras el derrumbe del edificio de la fábrica Rana Plaza, en el que un grupo de empresas formó una coalición y proporcionó (y financió) un mecanismo de reclamación que sustituyó en gran medida a los tribunales y a los recursos nacionales. Por último, cabe considerar la importancia de los tribunales religiosos. En ocasiones, desempeñan una función híbrida: son instituciones a las que el Estado ha delegado autoridad sobre ciertos asuntos. En otras ocasiones, actúan como mecanismos autónomos para la aplicación de normas religiosas, a través de tribunales religiosos, en asuntos económicos y sociales que surgen en las interacciones entre los miembros de una comunidad religiosa.
En conjunto, esta matriz de ideologías, sistemas y sus actores, instituciones y lenguaje de referencia, conforma el rico entorno en el que se gestiona actualmente la actividad internacional. Esta matriz sugiere que dicho entorno es dinámico y está en constante cambio. También indica que los sistemas creados son volátiles, incluso si son internamente estables.
A partir de 2026, cada semestre se estructurará en torno a un tema que integrará contenidos de otros cursos y experiencias de aprendizaje. En la primavera de 2026, el enfoque se centrará en los actores, las instituciones, las estructuras legales, la economía, la política, la cultura y el discurso normativo en torno a las regiones árticas. Los estudiantes abordarán los temas del curso a través del prisma del "Escenario Ártico", que se desarrolla en colaboración con el Centro de Liderazgo Estratégico del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos y su Ejercicio Internacional de Negociación de Crisis Estratégicas.

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